La distancia es para los amigos

como la noche inexorable

que cae sobre el campamento,

como las cenizas que cubren

los rastros del ardiente fuego.

Pero para los amigos,

la amistad es luna;

luna centinela del amor

que aún en las noches negras

ilumina y arde en el corazón.

Y en medio de las cenizas,

rastros de fogón,

las brasas quietas esperan

la más leve brisa

del amanecer del rostro amigo

para arder de nuevo

con mejores bríos

el fuego eterno

de la amistad en Dios.

Sobre la distancia y en ella,

sobre el tiempo y en él,

sobre el olvido y a su pesar

te quiero amigo,

te quiero Santo

por Dios y en Dios unidos.

Septiembre, 10 de 1992. – Aún lejos, todavía en camino.

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