Siendo casi las veinte

deste cinco de octubre

del año dos mil tres,

mirando por este ventanal

florido por la madre nuestra

con ayuda de la mía esposa,

decido dejar testimonio

del crédito de mis sentidos.

Verdiazul la silueta del mar

sobre la línea costera se divisa

y la luz vespertina la recorta

como si fuera del universo el marco

centrando el tierradentro en sombras

con unas cuantas flamígeras testas

de las viviendas más próximas.

Pinceladas de níveos nimbos

el manto celeste bordan,

sobre el cual como lúdica paloma

se entretiene una avioneta roja,

escoltada de plateadas alfombras

que al caer de la tarde regresan

como aquellas recordadas alondras.

El murmullo zumbón del volante

contrapunto del rumor del pueblo

rima con los trinos que imagino

haciendo de esta sinfonía infinita

un luminoso himno de completas.

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