CAPÍTULO XVIII

El principito atravesó el desierto y no encontró más que una flor. Una flor de tres pétalos, una flor bien vulgar…

– Buen día – dijo el principito.

– Buen día – respondió la flor.

– Dónde están los hombres ? – preguntó cortésmente el principito.

La flor, un día, había visto pasar una caravana:

– Los hombres ? Existen, creo, seis o siete. Los vi de lejos hace unos años. Pero nunca se sabe dónde encontrarlos. Los lleva el viento. Carecen de raíces, y eso les crea muchas dificultades.

– Adiós – dijo el principito.

– Adiós – respondió la flor.


CAPÍTULO XIX

El principito ascendió a una alta montaña. Las únicas montañas que había conocido eran los tres volcanes que le llegaban a la rodilla. Y usaba el volcán apagado como taburete. “Desde una montaña tan alta como ésta – pensó – divisaré de una vez todo el planeta y todos los hombres…” Pero no vio más que picos rocosos bien afilados.

– Buen día – dijo por si acaso.

– Buen día… Buen día… Buen día… – respondió el eco.

– Quiénes son ustedes ? – dijo el principito.

– Quiénes son ustedes… quiénes son ustedes… quiénes son ustedes… – respondió el eco.

– Sean mis amigos, estoy solo – dijo.

– Estoy solo… estoy solo… estoy solo… – respondió el eco.

“Qué planeta tan extraño ! – pensó entonces. – Es todo seco, y todo puntiagudo y todo salado. Y a los hombres les falta imaginación. Repiten lo que se les dice… En casa tenía una flor: ella siempre hablaba primero…”


CAPÍTULO XX

Pero sucedió que el principito, habiendo caminado mucho tiempo a través de arena, rocas y nieve, descubrió por fin una ruta. Y todas las rutas van hacia los hombres. 

– Buenos días – dijo.

Era un jardín florido de rosas.

– Buenos días – dijeron las rosas.

El principito las miró. Todas se parecían a su flor.

– Quiénes son ustedes ? – les preguntó, estupefacto.

– Somos rosas – dijeron las rosas.

– Ah! – respondió el principito.

Y se sintió muy desgraciado. Su flor le había contado que era la única de su especie en el universo. Y he aquí que había cinco mil, todas parecidas, en un solo jardín !

“Ella estaría muy molesta – se dijo – si viera esto… tosería muchísimo y fingiría morirse para escapar al ridículo. Y yo estaría obligado a fingir que la auxilio, porque si no, para humillarme a mí también, se dejaría morir de veras…”

Luego continuó diciéndose: “Me creía poseedor de una flor única, y sólo tengo una rosa ordinaria. Eso y mis tres volcanes que me llegan a la rodilla, uno de los cuales posiblemente esté apagado para siempre, no hacen de mí ciertamente un gran príncipe…” Y, tendido en la hierba, lloró.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: