Una cuestión que puede colmar a más de uno . . .

Líbelo urticante

Re-lato de Crassos Yerros

Pre-ludio y notas de L.V. Contreras

L’INDICE

Prélogo o Prólogo . . .  según se mire
A modo de introito
Registro nacional de personas – Renegación local
El círculo número siete
Registro del automotor – Acomodo número N
En la cueva Chorretti
Regreso al registro
Los Cacos
Del retiro o la entrega
Oficina Carnets Conductor – Municipio la piruleta
No corresponde escribir el epílogo . . . por ahora

Prélogo o prólogo . . .  según se mire

El prologador en su papel juega con alguna ventaja porque lee lo que ya está escrito pero aún no ha sido leído por lector alguno. No puede andar diciendo lo que se le antoja habida cuenta que sus letras orientarán la selectividad lectora. Razón por la cual algunos lectores nunca leen un prólogo y algunos escritores se niegan a escribirlos. En este caso consta que la faena fue como siempre encargada a un amigo, pero como pocas veces a un Contreras. Vaya viendo . . .

Don Lúcido, luego de anoticiarse del contenido del pasquín borrador, a pedido de Crassos, para ver si se animaba a hacerle algún entrente, se llegó a casa del re-lator a la hora del mate en compañía de Tras[1].

Calzaba un par de relucientes alpargatas bien asentadas. Luego de las salutaciones de costumbre, las consideraciones sobre el tiempo por venir según creencias, las lunas y las estrellas y de dar cuenta del primer cebao que le acercara la Patrona, se acomodó en la reposera bajo el tilo y mirando hacia la cruz en la cumbre del cerro que tantos años lleva contemplando, comenzó diciendo:

–       Don Yerros . . . sobre su encomiendo del sobre aquel . . . tome lápiz y papel mi amigo que ya le suelto un hablólogo. Usted viértalo en letras que no se yeve el viento. Según le parezca más conveniente haga deste verbólogo un prélogo o un prólogo . . . o por qué no un postlogo ya que para poder introducirle, dada la condición que Usted bien sabe pero no sólo por ello, antes me lo tuve que hacer leer por Nina, mi nieta . . . que dicho sea de paso aceptó el pedido con el afecto de quien porta la bandera patria, mientras Tras, su hermano aquí presente, escuchaba como escolta sin perderse una.

–       Es que me gusta Nono escucharlos a Ustedes . . .

–       Ahora que lo pienso fíjense que, a veces al hablar tomándose el tiempo para que la mollera funcione a su ritmo, suele acontecer que a uno le aterriza en el magrullo alguna golondrina que vale la pena contemplar.

–       Decíamos que re-pensándolo, sin llegar a hacer de estas cavilaciones un incordio, parece también caber la posibilidad de llamar prefacio al exordio. Se nos hace que prefacio es una palabra modesta en su excelencia, o excelente en su modestia . . . ya que señala que la función de las páginas que así se titulan es humildemente anterior al diálogo previamente realizado según el orden de la composición. Diálogo que le sucede según el orden del texto pero al que el prefacio sirve como pretexto. Luego prefacio puede ser visto como algo pre-vio a lo que de antemano ya está engarzado luego . . . además como ya nadie sabe de historia porque la media verdad se olvida, como Mussolini ha sido olvidado, tal vez podamos sumar esta palabra a la restauración que en nuestras misiones hemos venido llevando a cabo. ¿No le parece Yerros?

–       De acuerdo. ¡Muchas Gracias Don Lúcido!

–       Faltaba más. Teniendo la oportunidad a estas alturas del baile, que un convite a uno le llegue . . . ¿no lo vamos a intentar? Y ya sabe que lo que acá le diga lo confirmo en el papel con este pulgar ñoquero que hoy ha dado pruebas de servir todavía para algo [2]. ¿No es así Tras?

–       ¡Así es Nono! . . . ¡y estaban muy ricos!

–       Bueno, a ver si dejamos tanto prepre y decimos algo del Pregorio . . . ¿Quién diría que iba a dársenos otra relación? ¡Pero si también le podríamos llamar gregre! Y no hace falta que me explique. Se que al vuelo me casó Don Crassos.

Entre mate y mate se dio inicio a lo que sigue y consta, pulgado al finalizar como rúbrica al pie para prueba del valor que a la amistad y a la palabra otorga.

Primero: visto y considerando el estado de rebalse de contenido y resbale de contenedor que a mi gomia Yerros le está afectando, y aunque más no sea por el efecto dengue que para sus prójimos conlleva lo que su interior contiende, pongo ante Ustedes mis barbas en remojo porque a ojo de medio cubero[3] si Crassos ventila lo que vorte de su airado testuz, apuesto uno a cien que a Yerros de algún modo la geta le pelan.

Segundo: Tal vez la única, pero no por ello subestimable diferencia entre Crassos y El resto es que Yerros se atreve a poner en letra de molde sin pelos en la bífida lo que El resto cacarea en los pasillos del gallinero. No hay mayor mérito (no lo tome a mal Yerros). . . aunque es posible que por ello precisamente sea el mismo yugo popular el que, como a Savonarola en su ocaso, a Crassos despene mañana al caer de la tarde[4] negándole la atención que a los bichos silvestres brinda[5]. Al fin y al cabo siempre resulta inexorable el destino del pregonero dado que “a tantos como los Yerros les claman a Yerros muelen”[6].

Tercero: aunque algunos tratarán de diluirlo con el indiferencial que les venga a tiento, me temo que el presente epitome ni siquiera merezca el título de líbelo difamatorio, ni infamatorio, ni inflamatorio. Mire lo que le digo . . . a lo sumo urticante. Con lo cual al que le urtique que se ponga aloevera y aguante, que se rasque, o que se haga recetar pomaditas. Trataré de explicarme.

– Tome nota, tome nota[7] Don Yerros y no me mezquine tinta que los lectores espectan.

  • Así como a quien se ríe solo algo le sobra[8] en la mollera, a quien sólo se embronque la molla le bulle espesa.
  • Quien bien se fije encontrará algo para reírse . . . de sí mismo.
  • Que es un epítome no cabe duda alguna a este vetero-ciudadano que ha visto lo suficiente como para quedarse casi ciego al modo griego[9], que dicho sea de paso, griega es la lengua de donde la bella palabra epítome hemos heredado y según la cual viene a significar resumen o sumario en el que se presenta lo más fundamental de la cuestión o de una obra extensa. La punta del iceberg se diría en lenguaje actual, que aunque no me guste sirve para hacer sentir más cómodo al lector sobre el sentido de este excordio[10].
  • Puede que termine siendo un libelo, si es que terminado semeja un librito o libro breve, que eso es lo que libelo significa.
  • Para ser difamatorio debería atentar contra la buena fama de alguno . . . pero como en este chiquero somos pocos y parece que nos conocemos menos . . . se me hace que para el caso regirá aquello de los cien años de perdón al que despena un ladrón . . .  que dicho se de paso, sólo merece la mitad de pena de la que merece un usurero.
  • Para ser inflamante debería contender para reducir, es decir nihilizar oxidando más rápido que la naturaleza, como se lo practica por medio de la media verdad publicada cotidianamente en todos los media de la actualidad . . . y eso ya veremos cuánto dista del ánimo que mociona los renglones que Crassos, en este caso, con yerro pero sin yerros expone.
  • Lo que acá Usted vea Señor Lector . . . o lo toma como simple mentira y tal resulta inofensiva porque della cualquier tuerto se previene, . . . o Usted lo toma como yo lo trago por más penosa que sea la purga, siendo lo dicho la realidad pura y dura . . . y dello . . . como-de-los-forúnculos, no hay remedios . . . más que abrirlos y mecharlos . . . cambiando la mecha con frecuencia hasta que se seque para afuera . . .
  • El que se encabrite es furúnculo-a-punto: no hay que correr el riesgo de que reviente hacia adentro . . .  la solución ya se mentó.
  • Cualquier tuerto, y ya se sabe que sé lo que digo, cualquier tuerto decíamos, hasta hace poco era capaz de reconocer lo que estaba fuera de lugar. Hoy hacen falta un par de ojos bien calibrados para ver por dónde se pianta el cemento de la mezcla porque ya no hay noción trascendente de lo que es el destino común[11].
  • Si además Usted quiere postular alguna sugerencia en vistas a la restauración de algún orden común, le hará falta portar un par de cojones de restaurador, como no se han visto a lo menos en cincuenta años por estos pajares[12]. Sincuenta, es decir . . . que ya no cuentan . . . porque se nos extravió el ábaco.
  • Como dijo mi amigo el manchego aquel: el hombre que no reconoce lo que está llamado a ser no es un hombre verdadero, es sólo un pobre pimpollo[13] que se seca echando mal olor sin dar jamás perfume.

Y con esto estimo haber dado cuenta del quid que en estas cuitas se cuentan. Y denó, Señor Lector, como recomienda el juglar Don Crassos, por favor estívele Usted mismo en los márgenes y entrerrenglones las cetas y las flores de su propia colecta, que seguro el relato será conello una versión más completa desta realidad nuestra de cada día.

Usted Yerros encomiéndese a las Patronas. A ambas dos: la del manto sagrado que le cubre desde la concepción y la que le fue dada en yunta que sirve estos mates tan lindos.

Usted compatriota lector póngase en sus cueros y re-flexiónese . . . si los cueros le dan y hasta que casi no den más . . . día a día.

A Usted Mi Señora de las cumbres inmaculadas . . . en nombre propio y dellos, perdón por cierta verba . . . gracias de corazón . . . y recuerde que rogamos por las bendiciones de sus Hijos.

Sin más que agregar ni querer decir, dado en pleno uso de razón propia y compasión aneja, esperando la llegada del Lucero en el faldeo de estos montes que sostienen la cruz sagrada, a cuyos pies toditos vamos a ir a parar sin distinción de facilidades de letras, unos más y otros menos, siendo lo que principalmente importa el esforzarse en llegar con la honra mellada pero nunca puesta on-sale.

Lúcido Vitreaux Contreras

Amigo de alpargatas, a los no-ventas

A modo de Introito

La sociedad posmoderna es anónima por definición y por aceptación, aunque falsariamente le llamen sociedad del consenso[14]. Es anónima, anonimada y anonimante por la sinergia entre la voluntad de diseño de quienes detentan el poder, y la traición al destino de quienes padeciendo las consecuencias del imperio de la voluntad de poder la sustentan con su cobardía.

A tenor de lo cual, el relator declara formalmente que este es un texto de ficción, y ruega recordar que cualquier semejanza con la realidad no es pura casualidad, es simplemente la confirmación científica de que vivimos en una realidad de ficción y fantasía: el mundo ideal.

El contenido deste panfleto acomodando su desarrollo a distintas perspectivas podría haberse titulado:

–       Ñánaida

–       Don Naides

–       Yerros y asertos

–       Ocupas del poder

–       Orillando los abismos

–       La Sociedad Anónima(da)

–       El reino del rey sin rostro

–       A más consumo mayor crisis

–       Cuando la tortilla se vueltee

–       De la dependencia a la autoingestión

–       Por los albañales de la sepultada res-púdica

–       De la mediaverdad y la enajenación colectiva

–       ¿No creía que en el país de los ciegos un tuerto pudiera llegar a rey?

–       Y/o los tantos otros que su imaginación invente . . .

Por supuesto, hubiesen sido textos distintos, exponentes de algunas variaciones de casi lo mismo. Aunque a veces en los casis se cifre la diferencia que cuenta. Quedan para otras payadas. Incluso tal vez alguno le inspire a Usted . . . seguro que letra tiene. . . quizá pueda encontrar uno que le convengza . . . lárguese . . .

Sin embargo surgió como surgió. Movido por la ira y redactado con pasión. No es parte de un plan editorial, ni de una campaña de concienciación, ni de un plan de marketing, ni de una campaña política . . . es lo que es: a Crassos le rebasó el es-lo-que-hay y por ende el dizquedirán le empezó a resbalar.

Y siempre que las cosas rebalsan . . . según la sagrada ley impresa en la naturaleza, -si bien algo que suele ser seco y que conviene que sea seco por un tiempo se moja- más temprano que tarde regresa el torrente a su curso y donde la anegación destrozó pronto verdea la esperanza.

Así, se deja de ver que al parecer es cierto como verdad verdadera que “la anegación acontece cuando la abnegación desaparece”.

De allí tal vez aquello que la sentenciosidad popular solía apreciar a modo de prevención y consejo: “Dios perdona siempre, el hombre a veces, la naturaleza nunca”.

La cuestión parece ser ¿hasta dónde resbalará lo que nos rebalsa sin que natura nos barra?

Es este empeño por ir contra la naturaleza de las cosas lo que pone en duda la sustentabilidad de los colores del próximo amanecer. Y por indicación de Don Lúcido Vitreaux se subraya exprofeso “la naturaleza de las cosas” para que no se confunda con las cosas de la naturaleza.

Las cosas de la naturaleza sin comprensión de la naturaleza de las cosas van derechito al mundo del revés. Esa confusión por medio de la cual se reducen las cosas importantes a tenor de la sensiblería verdolaga, que muestra su rostro cargado de estulta afectación en la prédica de los derechos de los animalitos, el miedo al recalentamiento, el igualitarismo para abajo, la memoria amnésica, mientras avala con sus proselitismos la efectiva trolización de los estamentos donde se administra el futuro de la Patria . . . por imposición de los organismos internacionales donde el menú único constantemente vigente es tortilla y puchero.

Es la esperanza de a pie, la de todos los días, la que se hace dura en esta Patria nuestra de cada día . . . tan generosa ha sido la Providencia con nosotros y tan groseros nos portamos . . . con ella y entrenos.

Ya lo dijo Ña Consuelo en sus días de esplendorosa mocería juvenil: la abundancia inclina hacia la indisciplina . . . entiéndelo Crassos.

Hará falta un hombre muy altruista para que la justicia se restaure en las pampas, desde los cerros a las playas.

Ese hombre ya vino . . . se quedó y está aquí esperando que nos dispongamos a marchar con él.

¿Seremos capaces de reconocerlo? ¿Al menos de no asesinarlo?

Me pregunto si el poder del dinero no hace que quien tiene la fijación de multiplicarlo tenga que ser cada vez más violento para poder seguir teniendo la misma cuota de poder a la que está acostumbrado.

Habiéndose otorgado valor a lo que valor natural no tiene el sistema global es un gigante con pies de barro. Sólo que tal barro es fuente de poder y causa de sometimiento ¿quién va a querer librase de la usura? ¡A los que les va bien no ven la necesidad, y los que creen necesitar, creen poder pidiendo a pagar lo que jamás recibirán!

Desde que hemos venido a poner al centro del altar la linterna mágica universal, los media ya no informan, formatean, no describen la realidad, cual mediums la proyectan en base a nuestra rendida credulidad. La finalidad de la ideología implica el despojo de la subjetividad, la enajenación de los criterios, la alienación de la propia conciencia. La dimensión subjetiva de la realidad, aquella en virtud de la cual los individuos se conducen y se dejan conducir, termina estructurándose según lo que los medios muestran. Imposibilitado el contacto directo de la persona con lo que las cosas son en su verdad, la propia representación queda mediatizada por los fantasmas ajenos. El sometimiento al dizque es voluntario, una claudicación ante la facilidad del capricho devenido en necesidad subjetiva según las leyes del mercadeo. La paz de los cementerios. La conspiración contra el ser se despeña en la nada. Muerto Dios no hay subjetividad sustentable. ¿Cómo sin Creador va a constituirse la subjetividad de la creatura?

En una situación de alienación generalizada como se da en la dinámica de la patota y en la sociedad anónima de las masas despersonalizadas, tal vez podría implicar un síntoma de salud el que alguno se condujera de modo anormal. A veces me pregunto si algunas de las manifestaciones que tienen los niños en la escuela no serán síntomas de una resistencia instintiva al lavado de cerebro al que los sometemos. Y si damos un paso más desde esta perspectiva, no podríamos cuestionarnos cómo vamos a parar la violencia de quienes habiendo entendido que el modo del éxito no está basado en la convivencia honesta, han optado por organizarse y aplicar a la sociedad los mismos métodos que detenta el poder oficial.

Luego, cuando la noción de orden ha quedado reducida a voluntad de poder, no creo que cualquier orden sea preferible a la anarquía. No. En un universo jerarquizado la anarquía es signo de defección de la causa final, en un universo humano sólo retobe ante las causas segundas. Pero una vez que las cenizas del bien común fueron esparcidas en el mar de la estulticia . . . ya me dirá Usted . . .

Registro Nacional de Personas – Renegación local

En junio del año dos mil siete después de veinte años de recibir consejos a raíz del deterioro notable, aunque cada vez más lento pero más ostensiblemente señalado por cuanto personero oficial tuve que habérmelas durante ese tiempo, decidí asumir mi responsabilidad de patriota cumplidor de los deberes cívicos, y concurrí a solicitar en la Delegación local del Registro Civil la renovación del documento de identidad. Aunque, como dijese mi amigo Vitreaux “Yerros tal vez, según lo mires mi querido Crassos”

–       Buenos días señorita . . . disculpe ¿para renovar el DNI . . .?

–       Foto tres cuarto perfil fondo celeste, el documento viejo o denuncia policial y la constancia de pago del arancel.

–       El pago del arancel ¿ . . . ?

–       Cincuenta pesos, en el Banco Provincia.

Ni buenos días, ni hola, ni bola, ni vas a tener que hacer colas, ni vas a tener que parir esperando un año y más. Pura cara de perro consuetuordinaria que al preguntarle algo más, te espeta la información sindical que hace a los derechos dell@s: sus horarios, la cantidad de números que entregan cada mañana, los días que no atienden y la falta de entrega de documentos en tono de “a pesar de nuestra alta efectividad no es asunto nuestro”.

Estos sedicentes trabajadores del pueblo ejercen su nimio y exiguo espacio de poder con el desden y la prepotencia que lo ven ejercer a los prohombres y las protomujeres electos del régimen actual.

Detrás de su ventanilla de bunquer siempre maloliente, porque como es una oficina pública “ellas no van a ser sirvientas de los demás” se sienten como cortesanas de una monarquía perpetua según el modelo de los novelones mejicanos con los que cada jornada domestican sus ratones.

  • No tienen ni idea del privilegio que tienen de ser mamonas irremovibles de las inagotables tetas del estado infaliblemente turgentes gracias a quienes ellas se dan el lujo de rebajar como a insignificantes discapacitados civiles.
  • No pierden oportunidad de proferir un “ahora que vivimos en democrassia no hay privilegiadoss sseniora” ante cuanta pobre pedestre se le cruza, mientras se le aflojan espontáneamente los elásticos cada vez que en el horizonte se deja ver cualquier señorona.
  • Adhieren religiosamente a cuanto paro haya para “ir a hacer cama solar o ir de compras al Dino”[15], aunque en realidad se quedan a planchar, sin saber jamás cuál es la causa que los lleva a parar . . . y sin haber solucionado nunca con un paro problema real alguno[16].
  • Gastan un presupuesto en papelería equivalente a la embajada japonesa para el día de la paz, pero jamás disponen de un clip para darte los papeles en orden conservable porque se afanan todo para sus cachorros domésticos.

A estas vecinas nuestras de cada día a las que tenemos que verles la cara así en el súper como en misa, no las hemos elegido sino que han trepado hasta el zócalo de la cueva de ratones en el que se baten a duelo con el propio fantasma de su mala conciencia vecinal, por medio de la telaraña del poder local del cual son cómplices sujetadadoras. De tal pedestal no se bajarán hasta retirarse con jubilación comparativamente privilegiada, como si alguna vez hubiesen servido para algo de significativa importancia en la comunidad fuera de tratarnos a los demás como imbéciles “incapace de entender las instrusione”[17].

Y si uno llega a pedir alguna explicación relativa al por qué en el Registro las cosas son como ellas dice que son, se encolerizan y en algún momento de la interactuada a la cual indefectiblemente te someten si querés dejar de ser un indocumentado, te la hacen pagar como a criminal y para lección de todos los demás mortales presentes y parientes ausentes que saben que también se enterarán, gritándote que: “cualquier cosa cabashero vasha a reclamar a Buenos Aires”[18].

No quiero imaginar lo que dirán ante un verdadero reclamo . . .

Llegada la jornada de la pasión, como Usted bien sabe, lo primero es apersonarse a la zona de los encolados antes de las siete para no quedar a más de una cuadra de distancia del sitial de las vejaciones. Luego, las consabidas dosis de espera-que-te-espera entre comentarios insoportablemente chabacanos sobre “tantas cosa que están mal en esta sociedad[19] ante lascuale nadie hace nada mientra nosotro nos toca hacer cola” a contrapunto de “lo grandioso que somo al fulbo”.

Adítele los colados que a último momento se entremeten gracias a los garcas que les hacen lugar.

Y por si fuese poco, engulla Usted una cuota no menor de “ignores” de embarazadas y ancianos, que para el resto de los enfilados dan lo mismo que si fuesen cucarachas digestoras de detrítos en vez de acunantes del futuro de la patria y portadores de su honorable pasado.

De pronto y bien pasada la hora indicada en el cartelito tang@[20]style, baja a escena la deidad jegueliana de turno blandiendo un talonario rosa con un número limitado de cupones, cuyos lukys portadores indefectiblemente antes de las diez de la mañana habrán sido despachados . . . el coro de quejicas se reduce a murmullo mientras algunos desubicados del final de la fila que acaban de agregarse a los empujones con su cara llena de lagañas y los ojos desorbitados como oveja degollada, vociferan a trescientos sesenta grados preguntas ante las explicaciones dadas a media voz por la portadora sólo a los de la punta, como si fuésemos una manada detrás de una vaca madrina, ante la cual la diva procede convencida por oficio y práctica que por donde la punta pasa el resto va detrás.

La Tala procede a la entrega de números como si repartiera una donación humanitaria en virtud de la cual poco falta para tener que besarle el anular. Preguntas con trampa de algunas esperantes que reciben como toda respuesta una enrostrada de horto despreciado de la asignadora.

Colas y más colas . . . cientos de relojeo de celulares . . . puchos que te fumas gratis por el generoso sahumerio del que tus conciudadanos te participan . . . viejas que te piden diez veces que les cuides el lugar para ir a mear . . . conversaciones ajenas de temas impúdicos . . . soplidos vacunos confirmando la semejanza . .  algún que otro relincho intrascendente . . . y esperaqueteespera . .  contemplando las paredes . . . los rincones . . . las telarañas . . .

De pronto, Crassos baja un poco el libro detrás del cual viene sobreviviendo parapetado . . . y nota que el músculo somñoliente focaliza su tensión en la entrada por la puerta lateral de tal o cual Senior o Seniora, quien viene de parte de talycual como si sobre alfombra voladora se moviese, a cuyo compás todos los culos interiores se revolean por atenderle en medio de servil silencio, mientras la manada extramuros con puños y dientes apretados, en mudez sepulcral agudiza sus orejas, más para ver si puede escuchar quién carajo será esta hortensia a quien deseamos emular, que deseando la merecida pena capital a todas las arrastradas que se sudan enteras por atenderle. La envidia rebozante como un gel barato todo lo empapa . . . todo lo iguala . . . todo lo enchastra.

Finalmente llega el turno . . . arribados henos frente a la puerta penitencial que para los comuneros apenas se entreabre como protegiendo el interior de las indiscretas miradas del populacho entregad’or, suena desde el fondo de la caverna sacándote del soporífero letargo: “cuarenta y siete” o “próssimo” “pase”

Avanzas con más recato que si entrarás a San Pedro y más precaución que al cruzar la Avda. 9 de julio y . . . “documento” . . . “párese ahí” . . . “mano derecha” . . . pintada de dedos como si tuviésemos rótulas esféricas en vez de coyunturas humanas, “retención de documento” arrojado con un desden tan acumulado como las porquerías que hay en el jonca al que va a parar “mi DNI”, entrega de boleta del arancel y un “en el banco” acompañado de una seña con la pera hacia afuera.

Y así sales, de regreso a la sala popular con la terminación de las extremidades delanteras pintadas de negro pegagoso[21].

El único baño habilitado, ya que el otro tiene un papel escrito con menos ganas que letras que dice “CLAUSURADO”, está ocupado y ante su puerta hay un winner esperando con los dedos entintados y con las manos entupidamente sostenidas en incómoda posición para no mancharse la camisa o el pantalón mientras sostiene los papeles mediante efecto pinza axilar.

Al abrirse la puerta se estrusa hacia afuera como de una crisálida putrefacta una gorda que al superar el marco arrastra tras de sí por efecto sifón o sopapa un olor a deposición findesemanera retrasada que como bocanada flamígera abre una brecha entre la concurrencia y asesina tu ansiedad por la higienización de las yemas.

En tales circunstancias se revela la nunca bien ponderada presencia del típico exponente de lo que cabalmente se denomina un caballero cordobés . . . que con cara de caprino generoso sobre mesa sacrificial “renuncia a su derecho para cederte el privilegio de ingresar al lavatorio” ante la mirada cómplice de la parcialidad presente que, si bien retiene la respiración desde que escuchó que a la gorda se le desmoronaba el brocal, pone cara número cuatro al unísono mientras cada uno te mira de frente como diciendo “¡qué nobleza la del gaucho nacional! ¿no irá Usted a desairar el privilegio?”

Bien, esta fue la situación ludobélica. Como digo siempre, no me crea, vaya, vea, vuelva y cuéntenos. No hacen falta mayores condimentos. El menú regular basta y sobra. Su turno. Haga un pequeño ejercicio de imaginación y complete Usted la carta, la dieta, la . . . la . . la . mierda esta en las que nos estamos anegando.

Sólo déjeme dejar constancia que como es de manual de calidad en la función pública, no hay ni papel, ni jabón, ni secamanos, la canilla pierde y todo está manchado de negro, excepto la tasa deposisional que evidentemente utilizada por la voluminosa saliente y en virtud de la administración ecológica del recurso hídrico quedó notoriamente ruborizada de color fecal . . .

Ya en el interior, habiendo dejado la puerta abierta con la esperanza de caer hacia afuera en caso de colapso cardio respiratorio se escucha a viva voz la conciencia always edificante del pueblo soberano “si serán asquerosos”. Mientras el suscribiente, tal vez afectado por la falta de oxígeno ambiental, tal vez simplemente por haber sido cosechado verde . . . padece perplejo la incapacidad de reconocer alternativa de sujeto a semejante sentencia.

La liberación duró lo que doscientos metros tardan en ser recorridos con la intensión de no llegar a su término. Pero como lo bueno siempre es poco y mucho el padecer, el fin se acerca antes de lo previsto y rápidamente nos encontramos en la zona de castración del próximo rodeo oficial.

El círculo número siete . . .[22]

En la acera de la calle adyacente al centro de sangrado, arrastrándose como una babosa empastada a pleno sol mediterráneo, transcurre hora y media de cola entre ancianos con la lanzadera de Cabo cañaveral a cuestas, viejas repijudas del golf que se hacen las avivadas pasando de prepo hasta el mostrador con excusas que huelen peor que ellas, y lelos en quienes nos vemos patéticamente reflejados y a los cuales más por semejanza espectral que por conmiseración humana terminamos cediendo con gusto cordial el paso, reconociendo por autocompasión que de hecho todos en algún aspecto de la vida somos medios border[23] y medios discas. Summa cum-pleta sine resolutio[24] que consume toda la capacidad de procesamiento matemático remanente a esas alturas de covalonga y a cuyo resultado uno no logra arribar sin que antes le saque de sus cavilaciones la expectación de llegada al arco de ingreso al círculo séptimo[25].

Avanza lentamente esta cordada de la esclavitud neomilenarista para terminar sus semovientes agrumándose en un espacio en el que no entrarían ni la mitad de los cuerpos en estado humano, pero que, como en un recto dilatado por la acumulación crónica de detritos, han sido amontonados a pura fuerza de diafragma, en decrecientemente distancia interpersonal proporcional a la proximidad de la meta donde el sanguijuelo-carroñero te a-guarda.

Sobre collage cacofónico de bocinazos de conductores o cafizos que hacen señas para que algún o alguna coleante apure su trámite como si ello tuviese alguna relación con el arbitrio personal, llantos de bebes que siembran la duda sobre si no será su propia madre la que los hace llorar como modo de ejercer una efectiva presión social que va carcomiendo poco a poco la sensibilidad de la gente ante tales manifestaciones, gritos de vendedores ambulantes que se desgañitan en una situación en la cual nadie compra nada porque . . .

. . . andamos secos camino al sacrificio de cobrar, solicitudes inapropiadas de los condenados a clientes y respuestas improcedentes de los esclavos del capital ajeno según profetizara el Rvdo. Karl Marx . . . todos piadosamente rindiendo culto al dios usura que inescrupulosamente nos somete a sus veleidosas venalidades por cobarde complicidad individual[26].

Finalmente luego de arrepentirse cada uno, de la ahora indolente buena intensión de entonces que nos trajo al brete presente, de aguantar los desprecios en las bajas miradas de los congéneres, los altos improperios en voces silente de los empleados y el generalizado llanto que en resentida mudez cada uno para sí mismo vierte, se pone uno a invocar a todos los que jamás recordamos sino cuando te estás/n cagando sin poder, a pujar hasta que las sienes están a punto de reventar, a putear cuando el diafragma entre peche y peche se te afloja, a pedirse perdón por todo ello y a sudar como parturienta en enero . . . hasta que uno de los mal paridos dependientes que “cobra su sueldo gracias a una”, tiene el disgusto de atenderte anteponiendo a modo de recepción victoriosa su evidente asco visceral, tal vez porque la mitad del personal está haciendo paro mientras a él le toca yugar, tal vez porque el ambiente está caldeado como en “Penitenciaría llena de inocentes”, o tal vez porque aún no tiene en claro si la madre no se equivocó al expelerle y cada vez que mira la caja de caudales siente que la duda y la deuda le acompañarán por el resto de sus días.

Y si en vez de un guaso preteritado, al llegar al mostrador te topas con la clásica sanguijuela mal atendida por regalarse, olvídate de no salir moralmente vejado, porque además de dilatar ostensiblemente a su voluntad la espera mientras se saca la mugre de las uñas con la punta del tapón de la bicâ, se tomará el tiempo para hacer exhibicionismo de su destreza callejera avergonzándote públicamente por algún detalle en el cual el dizque supone debería ser diestro cualquier mortal de tu género, condición y edad.

Así nos vemos llegar, unos por otros jodidos y cada uno con su propio cinto al cuello. Más dispuestos a ser explotados que prestos a explotar de indignación.

Pagar, responder negativamente al imperativo reclamo por cambio que te hace el cajetero luego de hurgar en vano el fondo de tus bolsillos a modo de disculpa, aguantar el golpe de sello como si fuera directo a tu mollera de victima propiciatoria del sistema, recoger el vuelto y el papelucho arrojados frente a tu desazón y escurrirte como tenia sajinata de entre los cantos de la marea humana que por todos lados atenta con sepultarte definitivamente en el recinto, terminan de trafilarte, según lo predica la ley de educación, en el ser socialmente previsto, aceptado y promovido por el consenso general y que la AFIP impulsa a través de sus capacitaciones para la formación del buen contribuyente[27].

Endemientras, no vayamos a cometer la improlijidad de dejar fuera de escena a estas alturas de la función, a los dos conspicuos responsables del orden y la seguridad ciudadana, que sobresalen en el horizonte cívico como leales sustentantes y causa ejemplar de la convivencia democrática.

Puro estimular confianza y respeto por la autoridad, con reluciente reloj metálico de origen tan dudoso como su paternidad y brillante aditamento anular pretoriano, la jerarquía hace su adicional al tiempo que dilata su perspectiva culturar a fuerza de cortaditos extorsivos y La voz -EJEMPLAR GRATIS- en el interior de la blindada, cuya puerta deja entreabierta, para ser saludado en el sitial senacular, a metro cuarenta de altura, por los chavetas que vienen a genuflexarse para que el fenótipico les haga pasar, sin hacer la cola que es de rigor para el resto de los que no hemos tenido la bendición de ser parte del proletariado actual, o no pertenecemos al club de las lenguisnkys que idolan como fans al uniformado legal de la caseta.

Afuera, en la más citadina de las interperies, otro bineuronal, el aprendiz de como si, el abusad’or en ciernes, el pasante de pasador, deambula entre esquina y esquina empeñado en transformar en pasa su escasa mollera, mientras cansina y temerariamente cambia de posición una itaca hecha bost que de estar cargada en cualquier momento se dispararía. Rítmica y ritualmente, con cara de infantil eslabón perdido posmoderno, mira hacia adentro esperando que se le dispense alguno de los criollitos que en cuanto llegó a cumplir su turno el secretario sindical le mandó a comprar para mantener al capo sine facha ortendis.

Uf . . . ya nos vamos yendo . . . bordeando el mediodía como si te sacarás de encima la loza de entrada al círculo séptimo, cruzas la calle principal para regresar a la Oficina del Registro Civil y de las personas para hacer. . . otra cola . . . a efectos de entregar el papelucho sellado y que te devuelvan el cadáver de tu DNI engrampado con un apéndice colgando hacia su exterior en el que se lee:

en el día de la fecha 12/05/2007 el portador ha solicitado copia de su DNI,

razón por la cual el mismo carece de valor y debe ir acompañado de esta”.

Lo cual léaselo como se lo quiera leer es un aberración, como quedará confirmado por los padecimientos que a partir de ahora . . . estimado ciudadano . . . incluso Usted . . . sólo UD y no otro, está por protagonizar sin posibilidad de abstenciones ni temor de que alguien envidee estar en sus calzoncillos. . .

Pero no sea tan precoz y espere que ya verá como la cosa recién está empezando a resultar entre-tenida en este Macondo nuestro de cada día que nos supimos cosechar donde la descendencia funcionarial no solo la cola tiene de cerdo.

Registro Automotor – Acomodo número N

¿Qué haría Usted si se le presentase la posibilidad de cambiar el móvil por uno dos años más nuevos y veinte mil kilómetros menos con los tejos que tiene bajo el sobrero?[28]

Como eso significaba finalmente salir de la década del ochenta, Crassos dijo siiiiiiii, por fiiinnn vamos aproximándonos al siglo tuentiuan . . .

Llamo, concierto una cita, lo veo, lo miro, me paseo en derredor, chamusho con el dueño, lo arranca, me lleva a dar una vuelta, le levanta el capó, me muestra la varilla, lo miro de abajo, constato con el índice el hollín del escape . . . no hay caso, me gusta . . .

–       Mire Señor Crassos, acá cerca hay un registro, podemos ir haciendo los papeles, nos encontramos a una hora que me diga, le firmo, me da los tejos y listo el pollo ¿no le parece?

–       Siiii, cómo nooo Don Fabetto. Voy y le aviso. ¡Cuídemelo he!

No estaba anoticiado, pero evidentemente es una treta muy picaresca de su parte el que Alí tenga no una cueva sino una cadena de cuevas de rédito no identificables con la cueva que pareciera la principal, de modo tal que en ellas se pueden nuclear los lacayos más discretos, a discreta distancia de donde todos pensamos que él se encuentra en medio de lo que se ve como una tienda china de todo por dos.

Uno ha escuchado, y hasta las hermanitas de clausura lo saben, que los registros son un acomode más proficuo y más proclive al ilícito que las mismas escribanías donde hasta los despojos se legitiman.

Pero una cosa es escuchar el ruido de la tormenta y otra que te parta un rayo. . .

Luego de ver lo que a esa altura ya había devenido en imagen de ilusión con objeto concreto, y de haber acordado los movimientos con Don Fabetto, Crassos dirigiose al indicado registro que apenas distaba unas calles del domicilio del vendedor.

Al llegar a la puerta, el bineuronal que la guardiaba ante el “buenos días de Yerros” respondió “ya se dieron todos los números para hoy”. “Entiendo” se dijo para sí Crassos “esto funciona como una lotería”, aunque en realidad se engañaba porque no entendía nada . . . porque se estaba sacando la grande y el gordo juntos.

–       Y dígame Señor agente ¿a qué hora conviene venir para poder recibir un número?

–       Esta dependencia habré a las ocho. La gente suele hacer cola desde las seis.

–       Y dígame, ¿sabe Usted si hay forma de que alguien nos informe qué hace falta para registrar el cambio de titularidad de un auto?

–       Ahí . . . en la fotocopiadora venden los formularios . . .

–       Gracias.

Como dice el dicho: al mejor entendedor . . . el silencio no le dice nada . . . pero vamos al kiosquito . . . y

–       Buenas . . . quisiera hacerle una pregunta Señor . . .

–       Sí, ¡como noo! digamee . . . .

–       Meeeeeee . . . . (no en esta ocasión, aunque estuvo tentado, Crassos no hizo la estúpida broma que acostumbra porque parecióle un yerro)

–       Para tramitar en el registro cuando uno compra o vende un auto, podría decirme Usted ¿qué hace falta?

–       Síi, ¡como noo! Un doscientos ocho, un ciento tres, un juego de PpLeC, el título del vehículo, fotocopia del título, DNI comprador y vendedor, fotocopias DNI . . . piripiri piripirú

–       ¿Cuánto sale? Masomenos . . .

–       Para un auto usado pero con menos de veinte años de modelo, vendedor y comprador . . . ciento trece con cuarenta y tres.

–       ¿Será todo lo que hay que pagar por el trámite?

–       Nooooo. Eso es aca[29]. En el registro tiene que pagar, pero no le se decir.

–       Una pregunta más, ya que es tan amable . . .

–       Síi, ¡como noo! digamee . . . .

–       A qué hora hay que venir para poder recibir un número . . .

–       Dicen que hay gente que viene a hacer cola a las cinco y media, ellos abren a las ocho, ocho y media masomenos . . . aunque el cartelito dice 7:30

–       Bueno, déme nomás los formularios y las copias, por favor . . .

–       Sriikk, sriikk, clik, hunnn, annnng[30] . . . acá tiene . . . ciento trece con cuarenta y tres . . . monedass porr favorr

–       Óxi ¿Tenés 43 centavos?

–       Si viejo . . . acá tiene Señor . . .

–       Grraciass . . . cualquier cosa estamos acá . . .

–       Convendrá que los complete antes de venir ¿no? (adelantando hacia el kiosquero la pila de formularios que acabo de . . . )

–       Y sí, seguramente . . . aunque ahídentro tiene tiempo después . . . no sé.

–       Está claro. Gracias. Hasta luego.

–       Che viejo, llamale a Don Annal no vaya a ser que le venda el auto a otro.

–       ¿Vos tenes el número?

–       Sí, toma . . . ya está marcado y llamando . . .

–       ¡Hoolaa! ¿Donn Fabettoo?

–       ¡Si! Ahh . . . el interesado en el coche . .

–       Sí, Yerros le habla . .

–       Sisisi Ustedes dos . . .

–       Estuvimos en el registro . . . compramos los formularios . . . dicen que hay que estar a las seis si uno quiere ligar un turno . . .

–       Ajá . . . y sí . . . ¡qué lo parió! . . .

–       Mañana nosotros venimos temprano y cuando estemos cerca de ser atendidos le avisamos ¿le parece bien?

–       Si cómo no . . .  ¿a qué hora cree Usted? . . .

–       No sé, pero supongo que si abre a las 8 antes de la 9 estaremos llegando al mostrador, digo, ¿no cree?

–       Bueno, sí, yo me levanto temprano. Usted llámeme en cuanto tenga el número y me voy para ayá.

–       Gracias Don Fabetto, nos vemos domani . .

–       De nada. Hasta mañana.

Seis de la mañana del día siguiente, un martes del mes de mayo antes del día de la Patria, en la vereda ante la puerta del registro. Ya hay cuatro haciendo cola, entre ellos una mamá con su hijita dormida en brazos y que, como veremos en unos diez minutos más, está aprendiendo  a caminar.

Siete de la mañana del mismo día. Llega el cana, deja su bolso contra la puerta y se apoya contra la pared sin sacarse los anteojos para sol. El nuevo día no ha terminado de cuajar aún ni los velos del amanecer de retirarse.

Siete y quince. Empieza a haber movimiento . . . a entrar el personal y el cana a saludar y abrir y cerrar la puerta y la nena a ir y venir hasta el cordón de la vereda a un ritmo de tres veces por minuto y la madre . . . unas veces va detrás y otras mira para otro lado . . . y una de cada dos la piba se cae, y luego se tira porque así la madre le tiene que dar bola cada una de las veces que se pianta . .

Siete treinta. Llega una señorita que explica que entra a las 8 a trabajar (ya les cuento dónde). Deja la moto en el césped a dos metros de donde estamos haciendo cola. Se sienta en la verja y se pone a fumar.

Siete y treinta y cinco. La nena en vez de salir disparando en dirección a la calle, pica hacia la moto. La madre ni se mueve. La nena toca la moto, la moto se bambolea y empieza a sonar la alarma. La nena delira de alegría. La señorita sin apagar el pucho ni sacárselo de la geta empieza a revolver el bolso en busca de la llave mientras el cana avanza los cinco pasos que lo separan de la moto que ulula, pita, bocinea, chilla como si fuese un Rolls Roys que se lo están afanando.

Siete y cuarenta. Sale el viejo de la casa de enfrente en chancletas con cara de sacado de la cama y mira como diciendo . . . lo que yo y Usted decimos en tales circunstancias . . . que la nena no se merece, que los demás tal vez y que los del registro sindudamente.

Siete cuarenta y cinco. La nena toca acá y allá la carrocería de la moto, mira a la mamá y se ríe. La madre arrastra su esqueleto y le dice “Pupi eto no te hate. Pupi vení pada acá” y la arrastra de un brazo hacia la verja donde se sienta en lugar de la motonetera quien sigue luchando para silenciar la escandalosa porquería que ahora además prende y apaga las luces como un animal bajo un ataque de histeria. Falta que empiece a encabritarse y doblar el lomo.

Siete cuarenta y siete. El cana intenta ayudarle. Logran ensartar la llave en su sitio y la bestia se silencia, se caallmaa . . .

Siete y cuarenta y ocho. La señorita vuelve a activar la alarma . . .  turulit turulit un par de guiños amarillos . . . prende otro pucho porque el anterior se le cayó al pasto húmedo por el roció e intenta regresar a su sitial ahora ocupado por la progenitora ejemplar. Elia empieza a explicarle que también tiene que estar a las 8 en la guardería para dejar a la nena e irse a trabajar porque no le dan permiso para faltar,  lo cual es una discriminación y a la tarde nunca la atienden en el registro “ya vine siete veces” con lo cual también me discriminan acá . . .

Siete y cincuenta. La pibita entre tanto, a la vista de todos, incluidas su madre, la dueña de la moto y el cana, se va y sube sigilosamente a lo gato al apoyapies de la moto, cuya alarma se activa y comienza a chillar, chilla la moto y la nena chilla . . . y las minas empiezan a arrastrase para cubrir los dos metros de distancia que separan el vórtice sonoro del pedestal en el que se encuentran . . .

Siete y cincuenta y dos. El cana se acerca y sugiere que tal vez podría dejar la moto sin alarma que el “se la mira”. La mina lo relojea como para cerciorarse de que puede hacerlo depositario del crédito de su confianza . . . mientras la cola ya llega hasta la esquina y da la vuelta con lo cual ya no le vemos el final.

Siete y cincuenta y tres. Una teñida sale del cubil registral y a los cinco minutos regresa con una bolsa de dos kilos de criollitos según el cálculo de los expertos presentes y el consenso democrático de todos los opinantes. Faltaba preguntarle “Al obserrvad’or” pero ese día le tocaba otear desde la capital . . .

Ya son casi las 8 de la matina. La mamá se plantifica delante de la criollera a punto de reingresar. Le pregunta si la pueden atender. La otra se hace la otaria. La primera empieza entonces a soltarle un discurso de volúmen in crescendo en el que se distingue claramente que ella por la mañana trabaja -igual que yo- la interpelada le contesta, y que la discriminan por eso que ya vino siete veces por la tarde y nadie la atiende por la tarde aunque todos la miran desde dentro –si te vi- la interpelada piensa pero no dice nada . . . la tensión crece . . . la nena empieza a llorar como una torturada . . . la mina de los criollitos se hace olímpicamente la boluda, se escurre tras el cana que le abre con sigilo la puerta que se cierra en la geta de la progenitora ocupada por las mañanas, quien puteando, llorando y arrastrando a su hija frente a la imbecilidad de todos los que vemos lo que está pasando, se va dando pasos tan largos como su enjuto esqueleto se lo permite y se pierde en la misma esquina en la cual la cola ya da la vuelta sin saberse hasta dónde va a llegar esto.

Tras el evento arranca su moto y parte el-personal-de-limpieza-de-la-casa-de-los-“reconchetos-del-barrio-del-palo-verde”, según ella misma contó como para que todos oyéramos mientras platicaba con la mamá . . . que ya no está ni se sabe dónde irán a parar . . . ellas y su hija.

Pasan unos cuantos minutos que disipan el baho del bolonquí . . . pero que finalmente se hacen eternos . . . ¡es que son casi sesenta! . . .

Tras los muros oír se dejan[31] . . . en este caso, tras lo vidrios ires y venires . . . se encienden las luces flourescentes como una de las pedorras puestas en escena de Almorrobar y en el interior se contempla el misterio de siempre . . . los empleados  impúdicos en su hora del mate . . . a la hora del desayuno de los otros mortales que expectantes tragan saliva y retienen orina porque no hay baño ni bar abierto donde ir ni a desayunar ni a mear, aunque las ligustrinas del vecino de enfrente le solucionaron el segundo tema a uno de los prostáticos encolados de esta mañana.

Nueve menos cinco de la mañana . . . casi una hora y media más tarde de lo que el diminuto cartelito indica como horario de atención al público . . . le  deslizan por la puerta apenas entreabierta dos talonarios al cana: uno rosa y uno fucsia[32]. Uno para trámites del automotor y otro para trámites de motos.

El cana empieza a repartir cuando se ve que llegan amigos esperados por varios de los que han estado haciendo cola, entre ellos, dos de los que teníamos adelante. Con lo cual, a pesar de que se fue la mamá, siendo quintos quedamos octavos!!!!!!!

–       Tranquilo viejo . . . no te calientes . . . ¿qué número tenemos?

–       El número 19 del talonario fucsia[33].

A las diez de la mañana se abre el kiosco-bar-al-paso que hay en la galería de entrada al registro . . . sin palabras .  .  . ¡qué vergoña la roña!

Al ingresar al Casino del 89 ya hay gente adentro del mismo lado del mostrador que nosotros !!!!!!!!! ya verá Usted cómo se come uno la segunda morcilla de la mañana. Qué digo ¿la segunda?

Los gestores han entrado por otra puerta y han recibido los números previos a los que al chotaje se entregan. Además cada uno de los gestores, “Cacho, Lula, Pepe, Tita, Chilo, Señor March, Don Crespo” tratados adentro como de la familia, trae una culada de expedientes que se dedican a atender los cuatro perejiles destinados al mostrador, mientras ellos cuentan y se cuentan entre sí y al mismo tiempo estúpidos cuentos verdoso que festejan entre todos a las risotadas como si estuviesen en un pub privado a las once de la noche.

Las “doctoras” que ocupan los escritorios internos, (al decir de las liliputienses que ponen su morro en el mostrador son todas doctoras[34] las que tienen la trascendental misión de aprobar cada pestaña del expediente) siguen libando su mate cocido y limándose las uñas aunque todas sean vistas por el público, e incluso saludadas, a través de ventanas y puertas.

Con lo cual aunque uno esté adentro, no están atendiendo a los que ingresaron sino amansándolos para cuando les llegue el turno.

El único que con cara de esfínter tieso parece concentrado y atento a todo lo que ocurre es el evidente testaferro de Alí, que cuenta billetes y que evidentemente es el cuello del embudo por el que pasa todo papel que se mueve en el ring y sus alrededores y donde contra-entrega del money se ejecuta el sello demarcatorio de inicio y final de trámite.

–       Diez y ochooo

–       Ya nos toca hijo . . . llamalo a Don Fabetto . . .

Una hora después, es decir exactamente a las 1130 . . .

–       Diez y nueveee . . .

–       Buenos días . . .

–       Si, ¿qué quiere?

–       Para cambio de titularidad de un vehículo . . .

–       Doscientos ocho por duplicado, ciento tres por triplicado, un juego de PpLeC cuatriplicado, el título original del vehículo, fotocopia del título, DNI comprador y vendedor, fotocopias DNI . . .piriporo piriporo

–       A ver, creo que tenemos todo . . .

–       ¿Comprador? . . . . ¿Vendedor? . . . nombres . . . DNIs

–       Yerros, Crassos, LE 6533966. Fabetto, Annal, LC 8756420

–       Bien, un momento . . .

Trae una carpeta tramitera recontra orejeada con color a papel higiénico recontra usado y el número de la patente del auto en la portada . . . y

–       Fabetto, Usted tiene que firma acá y acá. Yerros Usted tiene que firmar acá, acá y acá y pasar por caja

–       Disculpe, pero podría explicarme como es el trámite, el proceso . . .[35]

–       Firme, pase por caja y vuelva . . . Mariitoo, el Seniorr “trámite sin cambio de jurisdicción”

–       Buenos días . . .

–       Buenos días. Son . . . esteeee . . . pliki pliki pliki shrit seiscientos noventa y ocho con veintitrés . .

–       ¿Seiscientos noventa y ocho . . . ?

–       Con ¡veintitrés centavos!

–       Si pero ¿en concepto de qué?

–       Usssteddd ¿no es el comprador?

–       Sip . . .

–       Y buueno . . . para poner el auto a su nombre tiene que abonar seiscientos noventa y ocho pesos con veintitrés centavos . . . . conmonedas por favorr

Cuatrocientos, quinientos, hijo prestame cien . . seiscientos, cincuenta, setenta, “ese pelotudo de Fabetto se fue sin darme los cuarenta mangos de vuelto” noventa, setecientos . . .

–       Acá está Señor Mario . . cóbrese . . .

–       Veo que andamos sin monedas

–       Y sí, están escasas . . .

–       Acá tiene, vuelva de la señorita que lo atendió

–       Gracias

–       Señorita, ¿ya está? . . .

–       Nooooo. La doctora revisó sus papeles y su DNI no sirve

–       ¿Cómo que no sirve?

–       Noooo. Esta tirita de papel dice que “carece de valor” Tiene que ir de un escribano que certifique que Usted es quien este documento dice que es.

–       ¿De un escribanooo?

–       Si a la escribanía Chorretti . . .

–       Pero, a ver, si mi DNI no tuviera la tirita ¿estaría en condiciones de hacer el trámite sin ir del escribano?

–       Si. Pero tiene la tirita . . .

–       Pero escúcheme, acá tengo la cédula federal, el pasaporte argentino, el pasaporte armenio, tarjeta de crédito con foto, la ID de la universidad . .  ¿no hay forma de que haga cursar el trámite sin tener que ir a la escribanía?

–       A ver, déme todo eso que me dijo . . . que lo vea la doctora . . .

–       Señor mío ¿qué moco me mandé? (la voz de la propia conciencia en off)

–       Noooo. Dice que no es posible. El único documento válido es un documento único de identidad en curso . . .

–       Y si salgo y le saco la tirita al DNI y vuelvo a entrar . . .

–       Tendría que empezar todo el trámite de nuevo . . . otro expediente distinto.

–       Y pagar otra vez . . .

–       Efectivamente, porque SU expediente shá está “OBSERVADO” por la doctora.

–       Pero, ¿el expediente está iniciado entonces?

–       Siiii. Claro, lo que no se puede es darle curso por falta de documentación legal . . . tiene tiempo . . noventa días . . .

–       Bueno. Déjeme ver. Voy a la escribanía y . . .

–       Veintiunooo

En la cueva Chorretti

De allá a la escribanía Chorretti, en la Calle Entuertos en todos los gobiernos Número Incierto y Siniestro, no nos tomó más que unos diez minutos andando.

Entrar en la cueva Chorretti ya no fue algo tan rápido . . . requiere más pasos que abrir la caja fuerte del banco nación[36]. Tocas el portero, te hacen una encuesta a ver quién sos y qué queres . . . sacan la cuenta de cuánta agua aguanta la toalla y cuánto te pueden africar y luego se escucha el típico ruido churreresco de apertor electríco con diarrea frrrrrr y un “paseee”

La vieja jorobada no estaba aunque la escoba seguía en el rincón. Estaba la heredera . . . tan diminuta como ella y con una cifosis de promesa . . . y no digo en balde lo que se ha dicho desde hace siglos y que cualesquiera puede saber si quiere, que la más de las veces la joroba es señal de bienes indebidos que se acarrean a escondidas o de mentiras que ya no se sabe que son tales pero se llevan en la bolsa.

¿Por qué en las escribanía hay siempre algún jorobado?

¿Por qué -como es también en el caso de EPEC[37]– las escribanías son empresa familiar que se hereda, con el nombre, la licencia . . . y las jorobas?

En fin Crassos, ya veremos si con la ayuda del tal Gordiano encontramos el nudo de este entuerto y le metemos un buen yerraso al medio . . . ¿cuándo veremos el amanecer de tal día? Ni los dioses lo saben porque es cuestión de humanas mendacidades . . .

–       Sí, Senior Yerros, el escribano no está . . . tiene que venir mañana . . . pero si me quiere ir dejando el Documento para que se lo preparemos . .

–       Pero Usted tiene en claro lo que me piden en el Registro . . .

–       Siiii. Una certificación de identidad. Mucha gente viene a buscar ese tipo de certificación . . . como no dan los DNI . . .

–       Ah . . . y cuánto cuesta . . .

–       Y unos cien dólares, es decir trescientos setenta pesos argentinos hoy.

–       Riing riing riing riiiiiinnnngggg

La mina se pone a atender el teléfono y se da vueltas hacia la pared. Crassos se sienta al otro lado de la sala porque parece que la conversa de la secreortaria va para lunga, como alejándose para no incomodar la comunicación. Cuando deposita su humanidad en la silla . . . empieza a escuchar a alguien que evidentemente está en una telefonata en la oficina junto a cuya puerta se ha sentado Yerros. No es que quiera escuchar digamos, pero no tiene porque taparse las orejas . . . así que . . .

–       No no no. Vos no te preocupes que yo ya tengo todo listo y las siete mil hectáreas van a salir a tu nombre. Vos tenes que asegurarte de que las tres mil mías queden en la mejor zona, bien alambradas y si ningún negro adentro.

–        . . . . . . .

–       No me vengas con que es difícil. Una topadora un sábado a la tarde, me avisas antes para mantener acupada a la muchachada, los cargas en un camión y los dejas cien kilómetros al medio del monte. Pones gente a alambrar, unos cuantos perros y guardia de seguridad durante unos meses o un año, por si acaso se les ocurre volver.

–       . . . . . . .

–       Nooooo. Pará viejo pará. Voss vinisste con este negocio. Te interesan o no las siete mil hectárea? Porque sino yo ya tengo quien haga el trabajo y encima vamos a media . . .

–       . . . . . . . . . . . . . .

–       Eso es. Así me parece mejor. Te aviso que las tres mil las pongo a nombre de otro, y si vas a Catastro y mencionas mi nombre olvidate que te conozco y olvidate del campo, no seas nabo que es la oportunidad de tu vida . . .

–       ¡Señor! . . . ¿Señorr Yerrros?

–       Ah, sí . . .  cuánto me dijo que demora el trámite Señorita . . .

–       Me lo deja abonado ahora, yo se lo preparo, el escribano lo firma, y mañana cuando Usted venga yo se lo tengo listo, ¿lo paga en dólares o en pesos?

–       A qué hora mañana . . .

–       A partir de las nueve . . . el recibo va en pesos . . . con el sello de la escribanía claro.

–       No hay alguna posibilidad de que lo pueda retirar esta tarde ya que mañana tengo que estar temprano para que me asignen un número para poder . . . para . . .

–       Noooo. La escribana ya se fue a enderezar bananas hasta mañana, y el escribano se fue a pelar duraznos (pelones criollos debería haber dicho) y cuando regrese estará muuuyyy cansado . . . assiiqueee . . .

–       Bueno . . . mire . . . lo voy a pensar . . .

–       Como quiera . . . srrrreeetttt[38]

Regreso al Registro atormentador

Al día siguiente, la flagelación en la columna no se relata porque Crassos se libró, recayendo sobre su vástago y heredero número cuatro la misión de llegar hasta el muro de las exacciones para lograr se nos dispense un número . . .

–       Hola viejo, ya tengo el número, pero no te apures que es el 51 y recién van por el 28.

–       Menos mal que llamaste Óxi, ya estaba carburando con la hora que es

–       Non calentarum, todo como siempre, está vez dieron los números a las 7:30 pero empezaron a hacer pasar a las 9:00 . . . tal vez porque se largó a llover jejeje

–       Entonces ¿a qué hora te veo?

–       Cerca de las doce Viejo. Si veo que se apura la cosa te llamo . . .

–       Bueno. Gracias. Nos vemos . . .

–       Chau . . .

A las 12:00 en punto Crassos firme como palenque de Jesusmaría . . .

–       Y . . .

–       Masomenos van por el 48, pero creo que como estamos del lado de adentro ya no nos corren y nos atenderán hoy . . .

–       ¿Está la mina . . .?

–       ¿La que nos atendió ayer? Sí . . .

–       ¿Y qué le decimos? ¿Se podrá poner a tu nombre el auto?

–       Y sí ¿por qué no se va a poder?

Otra serie de especulaciones y observaciones que no hacen al caso van dando cuenta de los minutos hasta que pasadas las 13:00 horas . . .

–       Cincuenta y uno . . . nosotros

–       Sí . . .

–       Por el expediente SIN067 . . .

–       Un momento . . . a sí . . . ¿trajo la certificación de la escribana?

–       No, es que no estaba la escribana . . . quiero saber si podemos poner el auto a nombre de mi hijo, Óxido D. . . .

–       Y SI, EL AUTO LO PUEDE PONER A NOMBRE DE QUIEN QUIERA

–       Pero es que como no cumplió los veintiuno . . .

–       ¿Tiene Carné? A ver deme el documento . . . Sí, tráigame fotocopia . . .

–       Acá está . . .

–       Firmen acá, acá y acá . . . Maariitoo “a los señiores ciento treinta y cuatro por cambio de firma” ¿Me escuchaste?

El mulo sin dejar de contar guita mueve su testuz (quiere decir que para cobrar siempre escucha y que en tal caso no necesita dejar de contar para responder)

–       Vayan a la caja y vuelvan sin hacer cola

–       Gracias, ya volvemos . . .

Euureekaa la gallinita . . . nos dijimos con la mirada y nos enfilamos frente a la caja que tenía uno pagando, y uno medio de costeleta . . . nos enteraríamos luego . . . esperando porque tenía no sé qué observación sobre los recibos que le daban . . .

–        ¡Buen día Mario! (En tono de diarería de domingo a la mañana)

–       Si . . . cambio de firma, ciento treinta y cuatro . . . cambio por favorr

–       Acá tiene . . .

Sin mediar más palabra “Mario” extiende un recibo mientras percibimos que el silencio se puede cortar con un grisín . . . y el tío que de costeleta no se quiere despegar del vidrio de la caja, con un puchero que le llega a las rodillas, barbota a media voz y a media luz para quien le quiere escuchar y supongo que para no olvidar en la amansadora el motivo real por el cual está allí:

–       Hijo de puta no me dio recibo por todo lo que me cobró y la hija de puta de la abogada no me quiere reconocer lo que gasté . . .

–       Óxido ¿vos tenes los recibos?

–       Si viejo ¿para qué los querés?

–       Después te digo; vamos de la naifa a ver si se acuerda de nos . . .

–       Señoritaaa

–       Sí un momento que estoy con el cabashero este . . .

–       Disculpe . . . sólo que nos dijo que no hiciéramos cola . . .

–       Si. Ya va . . .

–       Jojooojoo jijijijiji jajajajaj (se ríen con el cabashero)

–       ¡Qué gracioso Beto!

–       ¿Vio que bueno? jojojojo

–       Ahy sí, Ussted siempre con un cuentito nuevo .  .  . jijijiji

–       Bueno, hasta mañana Clauu . . .

–       Chauuu Beto. . . (drástico cambio de tono y desentornación de ojos) dígame

–       Que ya pagamos en caja . . . y

–       Sí, . . . a ver . . . ah . . . falta la constancia de cuil. En cuanto la traigan damos curso al expediente.

–       Cómo, y eso . . . dónde . . .

–       En el kiosco donde compró los formularios se la sacan . . .

–       Y podemos volver a entrar

–       Noooo. Miren la hora que es. Ya hemos cerrado; a Uds. los atendemos porque estabaan adentroo (que generosidad) ¡Me lo traes mañana! (mirando a Óxido con cara de simpatía de papel crepe)

–       Pero, -dice Óxido aprovechando el distense de pacotilla- ¿voy a tener que sacar número y hacer cola otra vez? . . .

–       Nooo. Le decís al oficial que me tenes que alcanzar el Cuil y pasas y me la das . . . Soy Clau . . . Chauuu

–       Piola la Clau viejo ¿no?

–       Jejeje ya veremos mañana cómo viene . . . ¿vos podes venir?

–       Si, temprano antes de ir al cole . . . pasemos por el kiosco ahora eh. . .

–       Buenas tardes Señor . . .

–       Justo a tiempo, ya llamé el Remiss para irme a casa ¿qué necesitan?

–       Constancia de CUIL o ¿cuilt?

–       Uuhh ya apagué la compú . . . uf a ver . . . con tal que no yegue el remis

Plik, tunkkkk, schits . . . tu tu tu (no alcanzó a excitarse la compu y a iluminar su monóculo que empezó a sonar una bocina en la calle)

–       ¿Quién será el boludo que a está hora tiene ganas de joder con la bocina? ¿Apellido y nombre?

–       Tu tu tu tu

–       Yerros, con igriega y doble ere terminado en ese como un plural, Óxido, como suena, con acento en la o y equis, Délos, como el nombre de la ciudad  . . .

–       Tu tu tu tu tu

–       Si, si ¿Número de documento?

–      Tu tu tu tu tu tu

–       Uno, ocho, tres, tres, cinco, cuatro, nueve, cero ¿se lo repito?

–      Tu tu tu tu tuuuuuu

–       Nooooo . . . . esta mierda que no se conecta . . . y ese boludo que sigue con la bocina . . . PERO SI ES MI REMISERO

–       Van a tener que ir a otra parte . . . no me conecta . . .

–       Está bien. Gracias. Chau

–       Vamos al Anses viejo. ¿vos sabes dónde queda? La má fue la semana pasada y se lo imprimieron sobre el pucho . . .

–       Lo que pasa que a esta hora ya no nos atenderán . . . vamos a casa y yo voy esta tarde . . .

–       Si mejor por que ya tengo hambre . . . y seguro que la má nos está esperando.

A la hora de la siesta y en lugar de ella, los Yerros Viejos, es decir la Patrona y Crassos se fueron al Anses y regresaron a la hora con el pelpa . . . que se puede obtener en su propia computadora . . . cuando anda el sistema . . . y cuando el sistema no anda no te lo pueden dar ni en la misma central de inteligencia del pentágono . . . en fin, no es conveniente añadir drama al drama cuando el pato te sale rana o el toro se te hace vaca, como le solía decir mi viejo al Monseñor cuando los instigadores de alguna causa “común” no aparecían al momento de poner guita, el hombro o la cara.

–       Crassos ¿cuánto salió el trámite en el registro del automotor?

–       Los formularios ciento trece con cuarenta y tres, el inició del trámite seiscientos noventa y ocho con veintitrés, y el cambio de firma ciento treinta y cuatro, sin contar la constancia del Cuil y lo del escribano. ¿No te dio Óxi los recibos?

–       Si por eso te pregunto. De los formularios me dijo que no dan recibo porque son oficiales y cada uno tiene un valor fijado por ley. Del cambio de firma tengo este ticket de caja registradora que dice nada más que el importe. Pero sumando los otros tres recibos, sólo me da trescientos sesenta pesos. ¿No tendrás vos algún recibo en el bolsillo o entre los papeles?

–       Puede ser. Mirá acá está la carpeta en la estuvimos poniendo todos los papeles de este tramiterío ¿te podes fijar?

–       Si dame . . . mejor me fijo yo . . .

–       Crassos, acá no hay ningún otro recibo, sólo una servilleta con lo que pagaste al Señor Fabetto por el coche y un ticket de un café con leche.

–       Ajá . . .

–       Ajá ¿qué? Tenes que ir y pedir que te den recibo de los doscientos y pico que faltan ¿no te parece?

–       Sí cariño . . . mañana voy yo a llevar la constancia y pregunto.

Al otro día Crassos marcha al frente. Usa el argumento indicado por Clau y el cana lo deja pasar para agregar la constancia del cuil que faltó el día anterior.

–       Buenos día Señorita Claudia! ¿me recuerda?

–       El papá de Óxi . . . sí . . . dígame . . .

–       Le traigo la constancia del Cuil. Con esto ya está todo. ¿Para cuándo saldrán los papeles?

–       El expediente tiene otro problema. La doctora vio la copia del documento de su hijo y dice que necesitan tramitar la emancipación para poder ser titular de vehículo . . .

–       Pero cómo no me lo dicen antes . . . ¿cómo puede ser que . . .?

–       Senior, ¡yo no hago las nooormaass! Si Usted quiere quejarse hable con la doctora . . .

–       Sí por favor, quisiera hablar con la doctora . . . por favor

–       Un momento ya veo si lo puede atender . . .

Vente minutos después . . .

–       Dice que espere que ya lo atiende . . . córrase más ayá así puedo atender a otro contribuyente . . . ya lo llama la doctora . . .

Media hora después . . .

–       ¿Senior Yerros?

–       Si doctora yo . . .

–       No podemos hacer nada. Ya le venimos haciendo favores y hasta aca llegamos. El expediente esta “OBSERVADO” y hasta que su hijo no traiga la emancipación queda paralizada la tramitación. Recuerde que vence en noventa días y después de eso hay que empezar TODO de nuevo, formularios nuevos, venir con el vendedor y la esposa, Usted  o quien vaya a ser el nuevo titular . . . su abuela y San Martín en el caballo blanco. NO HAY OTRA FORMA DE HACER LAS COSAS SEGUN LO MARCA LA LEY

–       Gracias. Ahora entiendo[39] . . .

Los Cacos

Por querer safar de Chorretti vinimos a caer a los Cacos. Al comentar lo que había pasado en la cueva, un comedido comendatore nos dice que hay una nueva cueva más cerca del centro y blablabla.

–       “Como son nuevos tal vez no sean tan . . . visste”

–       Veremos dijo Remo . . . y hacia allá salió remando Yerros con Óxido.

–       Buenas tardes . . .

–       Buenas, ¡qué tal! ¿en qué le puedo servir?

–       Para tramitar una emancipación . . .

–       Síii, ¡cómo nooo! Para mañana le tengo listo el borrador, viene lo ve y si está todo bien le damos una cita con el escribano para firmar y listo . . . en unos días lo tiene . . . a verrr . . . para el viernes seguramente . . .

–       Y ¿cuánto cuesta?

–       Copia simple y original certificado . . . trescientos cincuenta.

–       Ajá . . .

–       Usted ¿es el padre?

–       Sí . . .

–       ¿Tienen sus documentos acá? Si me los da le tomamos los datos . . .

–       ¿Qué hacemos Óxi?

–       ¿Cómo dice?

–       Le hice una pregunta a mi hijo . . .

–       Y viejo, no nos quedan muchas . . .

–       Bien, acá tiene los dos DNIs[40]

–       Sucu . . . tomale los datos a los seniores . . . Un minuto ¡que Súcuba la secretaria le toma los datos eh! . . . ¡Sucu!

–       Hola . . . ¿los documentos? . . . siéntese . . . un momento . . .

Veinte minutos después el cascote sigue hablando por teléfono con el mismo tono grandilocuente, usando pronombres plurales en los que se incluye pero que no le contienen ni de upa, prometiendo tener trámites listos para mañana a diez tipos distintos y mandando a comprar puchos a una taradita que se arrima a la puerta para pedir una moneda . . . la Súcuba está enredada con una impresora . . . busca papel, se esconde en su rincón, bufa despacito cerca del cascote, no nos mira ni una sola vez . . . hasta que Crassos se levanta, se acerca al Cascote . . .

–       Disculpe . . . pero se han pasado veinte minutos . . . me puede devolver los DNI por favor . . . ¿?

–       Shá está lo shusho . . . SUUUU

–       ¿Vos sabes dónde hay papel?

Cascote desencastra sus cantos del sitial que . . . y desplaza su sobrecargada carrocería hacía el rincón de Su . . . se sienta a la PC de Sucu y tripea él mismo los datos, manda a imprimir una copia y sale blandiendo sonrisa de Patán, . . .

–       Lishto seniores. Revisenlon. Si los datos están bien me trae la libreta matrimonial, el DNI de su esposa, que ella venga a firma y listo . . .

Es una hoja con un texto estándar en el que han introducido el apellido, el nombre, el número de DNI y la dirección de Yerros padre y Yerros hijo, que han demorado veinticinco minutos en completar . . .

–       Si, los datos están bien . . .

–       Perrfectoo. Me deja la seña y viene mañana con su esposa y listo . . .

–       ¿Seña?

–       Sí, la seña para dar curso al expediente.

–       ¿Cuánto es la seña?

–       Cien o doscientos . . .

–       Acá tiene. Cien . . .

–       Perfecto. Noss vemoss mañana . . .

–       ¿Me podría dar un recibo?

–       Los reciboss loss firrmmaa el escrribannoo. Se lo preparo shá en cuanto el escribano se desocupe y se lo alcanzo mañana. Para que no tenga que seguir esperando . . . digo . . . vio . . .

–       Bueno. Hasta mañana.

Al otro día, después de soberana trenzada con la mujer, que piensa que le complicamos la vida al vástago con este trámite, de mala gana y con caras de culos nos llegamos a la Escribanía tensando el hilo de la máscara sonrisal trancado.

–       Buenas tardes

–       Sí. Tomen asiento. Shá estamos con Ustedes.

Sucu no está. Hay otra en su rincón que no atina a asomarse. Cascote entra en la oficina del escribano. Suena el teléfono y no es atendido. Suena otra vez y Casco se asoma y grita:

–       NN ¿Podes atender el teléfono que estamos muy ocupados?

–       Siiii. Escribanía los Cacos, NN para . . .

–       . . . . . ah, no se. El escribano está muy ocupado . . . no se . . . tendría que llamar más tarde . . . y no se . . . ¿cómo diez minutos? . . . espere que busco papel . . . . . . . cómo me dijo que se llama . . . Juan Pérez ¿sí? . . . y ¿cuál es su mensaje? . . . “que llamó Juan Pérez! . . . ya lo tengo todo anotado, no se preocupe que en cuanto el escribano se desocupe le doy su mensaje.

–       ¿Quién llamó? –pregunta Cascot . . .

–       Aayyy, no sé, no me acuerdo, pero deje su mensaje en tu teclado, viste.

–       Shá losacemos pasar seniores . . .

Quince minutos más tarde se entreabre la puerta y desde la cueva en penumbras del Caco mayor se oye . . .

–       Senior Yerros y Seniora Panza de Yerros . . . adelante

–       Buenas tardes

Caco Magnum Onjand

E s c r i b – a n o

–       mucho gusto . . . por acá por favor . . . si gusta sentarse Seniora . . . siéntese Yerros . . . ¿qué les trae por aquí?

–       Un trámite de emancipación . . .

–       Asíi, del joven Óxido Délos Yerros . . . la libreta matrimonial . . . su documento seniora . . . un momento por favor . . .

Sale, cierra la puerta y se escucha que putea al Cascote, que el Cascote reputea a la NN y que la NN le hecha la culpa a la Súcu. Media hora después entra Magnum y se pone a leer en voz alta como si estuviese por jurar lealtad al . . .

–       ¿Todo bien seniores?

–       Si, según lo que escuchamos parece que si . .

–       Léanlon tranquilos . . .

–       No, no, está bien . . .

–       Entonces, por favor, firmen acá, acá, acá acá y acá . . .

–       Sssst, sssts, sttts, sssst, sssttt . .  listo

–       Bieeennn, ahora firmo sho . .  . . . SSSSSSSSSShiTTTTTTTT listo

–       Mañana lo llevo al registro y el martes de la semana que viene si dios quiere lo retiramos y el jueves lo puede venir a buscar . . .

–       Pero hoy es martes y su secretario me dijo que el viernes estaría listo

–       Impossiblee . . . están de paro y sho no puedo hacer más de lo que hago

–       Bueno, entonces pasamos el jueves de la semana que viene . . .

–       ¿Si cómo no?

–       Hasta luego escribano . . .

–       No. Espere. Son trescientos cincuenta pesos . . .

–       Si, ya le dejamos una seña ayer ¿no podemos pagarlo cuando lo retiremos?

–       Imposible. Shó no puedo financiar los trámites de los clientes y sin pagar alosforros y  los derechos correspondientes no me reciben el trámite en el registro provincial . . y . . y . . y

–       Bien, acá están . . .

–       Faltan cien . . .

–       Ayer le di cien de seña a su secretario . . .

–       Eso es aparte . . .

–       O sea son cuatrocientos cincuenta . . .

–       Trescientos cincuenta más la seña . . .

–       ¿Y si le hubiese dado veinte de seña?

–       No le podríamos haber tomado el expediente . . . son cien o doscientos de seña . . . independiente de los aforros que establece el colegio de . . . que son los trescientos cincuenta que me tiene que pagar ahora.

–       No perdamos más tiempo Crassos ¡págale y vamos por favor!

–       Ok. Acá hay cien más . .

–       Perrffeccto.

–       ¿Podría darme un recibo?

–       Lo retira con la emancipación el jueves. Llame antes de venir. Buenas tardes.

Finalmente la emancipación fue entregada quince días después y sin recibo porque Cascote dijo que el mismo documento llevaba sellos oficiales lo que significa que los aforos han sido pagados. Ellos no dan otro tipo de recibos.

Del retiro o de la entrega

Del retiro o la entrega es la segunda parte de un mismo trámite, o según se vea el segundo trámite de un mismo objeto, o el segundo objeto que parte a uno mismo. De allí que se titule según la perspectiva de lo que ambos sujetos llevaron a cabo respecto a un único objeto. El suscribiente fue para el caso el retirador, y sería la entregadora la sujeta mantenida por quienes padecemos el trato vejatorio que disparó estás descargas de fogueo. Pero ambos términos pueden entenderse como señalando otro aspecto que hace a la realidad de derecho que en un estado debería encarnarse. Piénselo . . . ya volveremos.

–       Unos tres meses por lo menos. Venga y fíjese si está su nombre en las listas.

–       Gracias, hasta pronto . . .

A los tres meses. A primera hora de la matina y como quien se prepara para otro día especial ya que a la vida se le ha dado por obsequiárnoslo y además puede que tengamos hoy DNI nuevo, nos vamos a ver las listas.

No figuramos ni constamos. El mes próximo seguramente.

A los cuatro meses. ¿Podemos salir dos minutos antes? quisiera pasar por el registro . . . . sin comentarios.

A los seis meses. Negro ¿vos tenes que ir al Registro? ¿No te podrías fijar si está mi nombre en la lista? La letra ygriega . . . Yerros . . Gracias.

A los doce meses.

–       Che Crassos ¿no te parece que podrías ir a ver si llegó tu DNI?

–       Si tenes razón. Se voló el tiempo, ya pasó un año. Cuando vuelva de la panadería paso.

Mes decimotercero. Es decir treinta días después de los trescientos sesenta y cinco que ya habían pasado la vez anterior. El DNI, a pesar de ser un objeto inanimado, y tal vez gracias a ello, durante este tiempo podría haber sido arrastrado por los vientos desde Alaska a Tierra del Fuego.

Pero no hay forma que una cordada incuantificable de asalariados del Estado argentino lo pueda hacer llegar desde Buenos Aires al interior aunque jugando a la cadena llegaría a Londres, ¡mire lo que le digo a Londres! . . . ¿desde dónde? ¿a dónde? ¿el qué?. No sabe no oye no contesta . . . ¿será Moyano el único que piensa? . . . Luego de constatar que en las listas nones, hacemos cola frente a la ventanilla y al llegar preguntamos:

–       ¿Hay alguna otra forma de obtener el documento o sólo seguir esperando?

–       Puede ir a Córdoba . . . pero si lo solicita ayá olvídese del que pidió acá.

–       ¿Cómo?

–       Que si lo tramita en Córdoba se anula el pedido que hizo acá

–       Pero en Córdoba ¿es más rápido que acá?

–       Y los días que demoran en traerlo para acá, pero al que pidió acá, ayá noselodan. Tiene que volverlo a solicitar . . .

–       Pero entonces ¿cuánto tiempo puede demorar en Córdoba si voy a solicitarlo allá?

–       Unn añooo, ya se lo dijimos . . . pero mejor vaya y pregunté ayá.

El privilegio de semejante intercambio informativo alcanzó su cenit al pedir información, según la datora ya recibida, y de allí reventando en mil pedazos cayó al mudo vació como el Challenger[41] en el ochenta y seis.

Asunto despachado y lobo a casa con el rabo contra el bolso. Pacencia -decía la Nona Luisa- aguante un poquito más mijo que ya pasa . . . QDTG-NV[42]

Finalmente a los quince . . . meses encontramos nuestro apellido en la nómina colgante del muro de las comunicaciones . . . el diez y nueve de marzo había llegado.

Con emoción análoga a la que nos movió la primera vez que fuimos a retirarlo, nos presentamos como avanzando por la Vía Apia al regreso de campaña victoriosa, sin recordar que los laureles de la gloria se marchitan más rápido que las flores en los cementerios . . .

–       Buenos días . . . he visto que mi apellido figura en la lista y quisiera saber qué debo hacer para retirar el DNI (esto para que suene real hay que leerlo en voz alta y en tono de deportista sobre al podio)

–       Una foto, el DNI viejo y la solicitud.

–       Si es eso nomás, lo tengo acá . . . (entonar: hoy es el diiia que hiizoo Yaahhveeee)

Y Crassos pela y muestra . . .

–       Noooo. La foto tiene que ser actual.

–       Es igual a la que entregué al iniciar el trámite . . . (todavía se conserva en esta expresión un pequeño resabio inercial de la confianza inicial)

–       Esta es para el documento así que tiene que ser actual, la otra es/ra sólo para saber que es Usted el dueño del documento . . .

–       Ah ¿ ? y el documento viejo ¿me lo puedo quedar . . . de recuerdo? (. . . .)

–       Nooo. Tiene que ser destruido. Vaya sáquese una foto y vuelva. Estamos hasta las 1230.

1145 hs, de regreso en la dependencia con la foto recién revelada.

–       Hola . . . hola . . .

1200 hs, llega lo que luego sabremos es un Nóbel pater familia y me pregunta:

–       ¿No hay nadie?[43]

–       No sé, yo vine a las 1145 y estoy esperando a ver si aparece alguien . . .

–       Siiiii seniorrr . . . aaaaaaahhhhh Usted ¿trajo la foto? Y Usted ¿qué quiere?

–       Saber si puedo inscribir a mi hijo . . .

–       ¿Es domiciliado acá?

–       Noo. ¡Nació ayer! . . . quiero inscribirlo . . .

–       Usteddddd, si Ustedddd tiene domicilio acá . . . es decir el padre o la madre deben tener domicilio acá . . .

–       A no . . . mejor entonces me voy a Córdoba . . .

–       El documento viejo,  . . . la solicitud . . . pase . . . pulgar derecho . . .

–       El documento viejo ¿no hay forma de conservarlo?

–       Nooooo. Srekk, sreekk,[44]

–       La hoja del servicio militar . . . tal vez

–       Si “eso” significa tanto para Usted . . . sreekk . . . tome . . .

–       Sreekk, sreekk el resto de las hojas al tacho de la basura . . .

–       Listo. Acá tiene. Adiós.

Esa tarde le conté a Contreras lo que había experimentado y lo que había ocurrido, en ese orden. No dijo nada. A la mañana siguiente me trajo la primera hoja de mi viejo DNI¿?

–       Lúcido, ¡no me digas que sos pariente de alguna de las que laburan en el registro! Y yo bestemiando contraellas . . .

–       No, que voy a ser pariente de tramiteras . . . sólo que todos los días al pasar caminando por ahí veo que las cosas estas sacan una bolsita negra de basura. Siempre me preguntaba qué carajo tirarían estas cosas. Y ayer después de tu relato, me fui y traje la bolsa del día y adentro estaba está hojita entera, la de tu foto de cuando eras pibe . . . las otras hechas añicos me pareció que resultaría casi morboso traértelas.

–       ¿Y la bolsa Contreras?

–       La dejé otra vez en su lugar. Pero date cuenta de la seriedad de la destrucción oficial de un documento del estado jajajajaja . . . Podemos coleccionar restos de DNI de ahora en adelante . . . no sé para qué un viejo como yo querría hacer semejante estulticia . . . pero en fin ahí tenes tu foto.

Y acá la tengo encuadrada. Cuando hagan la demanda por difamación voy a llevar el cuadro a la sala tribunalicia y si hace falta también a la celda.

Oficina Carnets Conductor – Municipio la piruleta[45]

No recuerdo si el carné que me dieron a los diez y seis decía Licencia de conducir o no, ya han pasado casi cuarenta de aquella ocasión tan memorable y no lo tengo a mano para cerciorarme. Me mandaron a trabajar conduciendo una chata poco después de haber cumplido doce. Empecé a manejar antes que a usar un pantalón largo. ¡Qué época tan bella! ¡Lejana tierra mía! El Zorzal eleva su nítida voz en la memoria y la emoción me embarga . . .

En el noventa y tres al venir a vivir a este poblao nos pareció que correspondía tener licencia del municipio en el que habitábamos. En aquella oportunidad nos atendió en un cuchitril del corralón municipal la misma personaja que hoy, día del rebalse, nos “expidió” la licencia actual. Entonces había que entregar el dinero en mano a la entonces leudande bruncinea y quedarse esperando mientras ella salía para plastificarlo y hacerlo firmar. La atención era sumamente personalizada, uno a uno, mientras los demás esperaban fuera del sucucho. Era evidente que estaba cursando el periodo iniciático de lo que es hoy su merecida comandancia extramuros.

Pobre su alma, ¡los marrones que habrá ingerido para llegar a aventar desde el escal(af)ón actual!

Diez años después la susodicha habiendo capitalizado peso y tamaño al ciento por ciento, había sido elevada a recinto fuera del edificio comunal al otro lado de la calle y mandaba pagar a la caja municipal. Lo cual nunca hubiese llegado a dato relevante si no fuese por la retahíla de aconteceres que aquel día de abril del año dos mil nueve colmaron el saco de Crassos haciéndole rebasar los Yerros y recuperar la memoria que la supervivencia cotidiana amasa amnésica.

En aquella mañana del dos mil tres, que se presentaba apacible hasta la llegada a la dependencia, resultó que al ir a renovarlos, la entonces ya adscripta, al hacerse con las licencia siempre requeridas como paso inicial de la tramitación sentenció: “estos carné son falso”. Habíamos concurrido mi esposa y el suscribiente. Imposible, le dije, agregando con tono de amable intriga inglesa que, a mí ella misma me lo había hecho, plastificado, cobrado y entregado con sus propias manos en la oficina tal en la fecha . . .

Uyuyuyuyuy . . . ¡Crassos Yerros never learns & never lands![46]

La 36 se convirtió en 67, coloreose como camiseta de ñull[47], y mirándome como para sepultarme de una trompada dijo con la misma voz de sargenta seca de vientre que tenía de aprendiz y que con el correr del tiempo se le acentúa, “tengo ordenes de retenerlo por documentación falsificada” . . . ¡tal cual Usted lo lee! Con la intencionalidad de que quepa la posibilidad de no saber a quién tiene orden de retener, si la papeleta plastificada o al lobo ex-portante.

Allí, ante la mirada súper-muffler[48] de mi cónyuge, instantáneamente recordé que en la anterior renovación la cuatrera me había comunicado que retenía la licencia porque era un documento oficial propiedad de la municipalidad, ante cuyo cuestionamiento de tomate verde frito, repitió dawnescamente que el documento era de la municipalidad y que al renovarlo había que destruirlo, mientras lo cortaba con unas intimidatorias tijeras a mano al efecto . . .

Poniendo cara de goma ablandada por la fregada y casi con un puchero catequético en la geta intenté decir “me gustaría conservarlo como recuerdo” . . . antes de que la orden para pronunciar la palabra “recuerdo” superara el nivel cortical correspondiente (por favor tened piedad de mi velocidad neuronal) un “de ninguna manera” en tono canil resonó acompañado del ssyyiikk de las mismísimas reconocidas tijeras al seccionar el carné como ritual budú por el medio de la foto de mi pobre perfil de antaño . . . del cual era la única foto que podía dar constancia de su existencia . . .

Bueno, no era cuestión de terminar en cana y divorciado por un par de carné falsos. Mejor que los haya destruido . . . jejejeje . . . la misma que . . .

Además en ese momento necesitábamos una certificación[49] de que habíamos tenido licencia de conducir al menos durante los últimos diez años . . .

¡Bingo! . . . ¿por qué será que no falla una tirada cuando uno menos quiere que el cartón se llene?

Al recordar el motivo principal de nuestra presencia ante la pretora y dado el nivel de agua de la costa que ya la creciente portaba, hice silencio cediendo el timón de la plática a la que en ese momento hubiese respondido mejor al apelativo de “madre de mis hijos”.

La foca empavonada había partido ambas licencias, insertándoselas seguidamente a presión en el bolsillo sinistro-delantero del yin[50].

Mi esposa me arrojó la capa de la invisibilidad de Harry, explicó “su” necesidad en tono de demanda pública al bocón allí ausente y la magna en virtú del enemigo común le dio treta . . . diciendo que en tal caso tenía que pagar el costo de la licencia por cada año que se certificara y que era una atención porque no teníamos derecho a tal certificación por haber sido portadores de documentación falsificada . . . que lo tenía que consultar con la doctora . . .

Gracias a todos los santos mentados en el séptimo verso del Poema Nacional a los que bajo la capa invocaba, mi esposa como siempre conserva el sentido de las prioridades y sabe que cuando uno tiene la cabeza bajo el agua hay que calmarse y salir a respirar lo antes posible. Antes de que la gemela de la hermana del difunteado por Martín Fierro recuperara el mal aliento que había exhalado en su alocución, “la mamá de mis pibes”[51] dijo: GRACIAS A DIOS, y marchose seguida por este caddy . . . más tardo en reaccionar que perro en el subte.

Desde entonces y hasta el dos mil siete conducimos con licencias de y en otros lares. Al retornar al terruño añorado, creyendo que habitar plenamente el lugar donde uno vive es importante y que poner la otra mejilla tiene aún sentido, nos presentamos “a por la licencia en lo de la gorda”[52], pensando que la habían cambiado, que había hecho dieta y que seguramente “ya no tendrá recuerdos de nuestra situación” . . . lo cual la interacción de hoy pone en duda y permanece en el terreno de la asunción hipotética al menos hasta que estas líneas lleguen a sus manos, ya que Crassos seguramente no se privará de obsequiarle a globo fúnebre un ejemplar firmado a Yerros candentes.

Retornemos pues al presente.

En el día de la fecha que se ha consignado anteriormente y habiéndosele vencido durante el feriado precedente la Licencia de las disputas, Crassos ni bien percibir su mensualidad se dirigió al nuevo edificio de Tránsito, ha poco inaugurado por autoridad máxima con bombos, platillos, pitos y cuhetes, donde la ahora coronela tiene toda una sección bajo sus sentaderas, dependencias y cargo, incluída la caja.

Las facilidades del Centro emisor de licencia de conducir están integrada por una sala de recepción recientemente inaugurada, con seis sillas ya rotas, atendida por dos de similar calaña y boca tan presta como la benefactora, una diminuta disfrazada de médica al fondo de una pieza infamemente vacía, que hace el papel más miserable de la puesta en escena, una oficina “donde se toma esamen y se yinde” y la mazmorra donde se parapeta nuestra surfeante dislectaä.

–       Buenos días . . . para renovar la licencia de conducir ¿qué debo hacer?

–       A ver la licencia ¿es de aca[53]?

Entrego la licencia que es inmediatamente depositada fuera de mí vista debajo del estante sobre el que está el teclado al tiempo que ella sin mirarme y mamporreando las teclas con un dedo de cada extremidad espeta:

–       Cincuenta y ocho pesos

–       Pero . . . ¿qué debo hacer?

–       Cincuenta y ocho pesos, la dotora lo yevisa y listo.

No terminó de hablar que ya está llenado a mano lo que me da y veo es un recibo por ocho pesos en concepto de Revisión Apto Médico, fotocopiado sobre papel cualunque . . .

–       Firma, aclaración y número de documento acá, acá y acá[54]. Tome. A la oficina de la izquierda . . .

–       Permiso . . . Buenos días . . .

–       Pase. Déme los papeles. Siéntese y ponga la cara allí. ¿Ve las letras?

–       Sí

–       Lea la línea siete.

–       N P Q H G T U V X

–       Ahora mire abajo. ¿Ve los colores?

–       Sí

–       Diga los colores de la última fila

–     < < < < <

–       Ya está. Vaya con esto al mostrador.

–       Adiós. Gracias.

–       Tu . . . tu . . . tu[55]

En el mostrado una de las bocas prestas agarra los papele[56] que escrachó la pequeña galena. Tipea tres cosas en la PC y de la impresora chorracagatinta sale un recibo por los cincuenta.

–       Cincuenta y ocho pesos . . conn cammbio por favorr

–       Tengo sesenta . . . o cien

–       Siempre tan ligeros los hombres . . .

–       ¿ . . . ? ¿ . . . ? ¿ . . . ?

La verdad es que no sé a qué viene, ni a dónde apunta, ni qué decir. Estaba por decir en vos alta lo que en mi interior la molla me gritó: “y a esta ¿qué mierda le pasa? ¿me confundió con el pata de lana de su dorima?”

Opto por ceñirme la faja del silencio aunque me viene una gana de mandarla a la mismísima mierda en la que fue parida . . . pero todavía falta entrar a la jaula de la leona prieta . . así que recordando la leche caliente con la cual supe escaldarme . . . mejor esperar . . . con cara de boluvovina.

Me da el vuelto y un manojo de papele[57]. . .

–       Entrégueloss en la oficina a la derecha.

La oficina a la derecha es la que ocupa la partner de la bella[58].

Llego con tres heridas[59] . . .  hasta el umbral, . . . digo permiso y espero allí plantificado en el linde.

Cuando termina de engullir el criollito hojaldrado que se ha hecho regalar por uno de su misma especie, de limpiarse el morro y de rascarse el gorro, todo ello sin parpadear ni dejar de mirar la pantalla como si de ello dependiera el equilibro interbursatil global. . . estira su garra izquierda hacía la abertura . . .

–       Déme. Espere allí. Ya-lo-yamamo[60].

¿Qué otra te queda? Le doy las tres papeletas con el carné vencido engrampado en el rincón superior izquierdo pensando si ese era el lado del buen ladrón o el del malo, los dos recibos, reculo dos pasos y espero.

En la recepción hay otros esperando. Unas fuman en la puerta de modo tal que el aire que corre arrastra hacia adentro más de lo que expelen sus pulmones.

Entra un remisero con un huevo de pascuas en la mano, se adentra hasta la mesa de la examinadora, pone el huevo sobre el teclado mientras dice:

–       Para que mi amigo apruebe . . .  jejejejej

–       jijijijijij ……………………jojojojoj

. . . . . . . . . . . .

–       Pringottiii

Va el pringao a la oficina principal y sale a los minutos con su carné.

–       Chuletaaa

Va la chula fumerela y cúmplele el mismo ritual.

–       Yerrooos

Va el yerreao pensando “ahora vamos a ver cuántos pares son tres botines”.

–       Siéntese. Mire acá. . . . Baje el mentón. Masss abajo . . . [61]

Abunkerada tras una PC, te apunta con una cámara a la que le baja verticalmente un prepucio para registrar gráficamente tu sporca facha . . .  y finalmente, teclazo mediante, la impresora contigua excreta el plástico con lo que se completa así la expedición de la Licencia de conducir de supuesto curso legal firmada digitalmente por el vecino de la esquina en su carácter de . . .

–       Firme acá. . . .

Hay una hoja A4 apaisada colgando detrás de SU PC donde se lee:

REVISE SUS DATOS ANTES DE FIRMAR

DESPUES DE FIRMAR NO SE ACEPTAN RECLAMOS

¿Qué puede significar ello para el literal Crassos?

–       Disculpe, antes de firmar puedo revisar los datos . . .

–       Son los mismos de siempre. Firme. Rodrigueeee

Firmo . . .

Saliendo cruzo a Rodríguez en el pasillo . . .

. . . y siento ganas de que alguien me explique . . .

  • el por qué de los dos recibos, del recibo trucho sobre todo,
  • el por qué de la fantochada de la médica que no me preguntó siquiera si tengo una pata de palo, . . . o la bola de cristal . . . (ya quisiera)
  • el por qué esta misma gente que expidió una Licencia de conducir a un ciego[62] sigue estando a cargo del mismo en-tuerto . . . ¡es lógico!
  • por qué . . . por qué . . .  (qué pendejo preguntón el Crassos este)

Con una mezcla de risa y llanto pujando por salir por detrás de los ojos húmedos y tibios, sin dar lugar a que tales manifestaciones superen el borde de la contención, salgo tratando de llegar a casa con el consuelo y el argumento de que si la cana me para llevo el carné al día.

Sin embargo la bronca me rebalsa y me pongo a escribir como un endemoniado mientras me doy rosca y me doy cuenta de que esto es lo que significa la revolución proletaria. Que además de despertarme un día con la clara visión de que inexorablemente pagaré alquiler al gobierno todos y cada uno de los días del resto de mi vida por la casa que con el sudor de la frente y las restricciones a los hijos hemos construido sin una mierda de crédito de ninguna institución porque para las entidades bancarias que llaman para ofrecer tarjetas no éramos profesionales independientes mientras para el DGI sí lo era !!!!!!

Además del aporte forzoso para que Alí Baba siga expandiendo su cueva, tengo que tolerar que una cursienta enchufada por-no-me-interesa-dónde-ni-por-quién, siga deposicionando años tras años en jejejej “mi licencia” . . .

. . . sin ninguna razón a cuento[63] . . . fuera de mi incapacidad para reírme de mí mismo y esquivar cuanta norma pueda . . . cual otra hiena proletaria . . . según socialmente el democrático consenso nos lo viene indicando desde que Kingo Congo fue instituido progenitor común[64] de la humanidad y Mikymaus el ideal del éxito que desde la cuna nos proponemos alcanzar . . .

Y me doy cuenta una vez más que la capitalización privada cada vez es mayor en menos manos, que se logra en base a la socialización de las inversiones[65] y de las deudas, de la inflación, de la subocupación, del boicot a las buenas empresas . . . está irremediablemente sujetada en su punto de eficiencia por esclavos como yo que no hacemos algo “porque es recomendable cuidarse y no correr riesgos” y por imbéciles como ellos que se rebajan por migajas para seguir merodeando entorno a una mesa en la cual nunca se sentarán como no sea a engullir sobras y a limpiar lo que dejan los . . . que son lo que son gracias a que nosotros somos lo que somos. Fuimos juntos a la escuela y ya entonces la cosa era así . . . sólo que la ola no había llegado hasta el pedestal de la bandera.

Y estoy hasta la nuca y siento vergüenza de pensar lo que siento y de sentir lo que pienso . . . y también de decirme que no es digno de un hijo de esta tierra pródiga y generosa dejarse llevar por estas miserias . . .

Y TAMBIEN ESTOY HARTO DE HACER SILENCIO

. . . aunque me da miedo pensar que hoy lo más probable es que te desangres gritando . . . sin que nadie se aperciba de lo que está aconteciendo . . . que no es mi muerte ¡burroooooooos!


[1] Tras: diminutivo familiar. Al nieto lo cristianaron tras el nombre del abuelo Lúcido, es decir lo bautizaron Traslúcido.

[2] Era pasada la mediatarde del día 29 . . .

[3] Aunque no se le nota, Contreras calza “un artificial de vidrio”, pero como en la convivencia valora más el decoro de la honestidad que la estética de la compraventa, de algún modo quiere dejar constancia de la perspectiva que irremediablemente, como a todos los mortales aún quienes tienen ambos naturales, a él también le afecta.

[4] Parece ser l’atardecer la hora preferida para despelechar vecinos porque a esa hora todos los gatos son pardos. De allí que Zacarías diría, que “en tanto a la mayoría el atardecer de la vida nos ha de llegar, es mejor acostumbrase a esperar cantándole a los luceros”.

[5] Don Lúcido comentó no entender a qué viene tanto derecho del animal cuando el animal humano anda tan torcido . . .  “Estamos obligados a no matar y eso significa no matar al cuete y punto. Si Usted tiene críos que críar es al pollo al que tiene que estirarle el cogote” .  .  .

[6] Transtrueque de versión un tanto más añeja que la que dice “quien a hierro mata a hierro muere”, dado que, el hombre es el único viviente capaz de montar su propio cadalso.

[7] Crassos se había quedado tildado mirando a Vitreaux. Tras, al darse cuenta, codeó a su Abuelo para que bajara de las nubes al amigo. De todos modos, al parecer nada quedó sin ser registrado.

[8] Alegría, hermanos, amigos, un poco de vino en la sangre . . . compañía interior . . .

[9] A la vera del camino de la sabiduría, perdida la ilusión en la policromía crónica, bregando a lo Bertimeo para que una gota de real jalea le sea dispensa.

[10] Excordio o excorde: del bajo latín antiguo, aunque literalmente significa de corazón, en realidad, en la Regla de San Benito de la que está extraída significa de memoria, y se refiere a la forma de cantar de los monjes en el coro, ya que ellos aprendían de memoria las obras que habían de cantar ante la dificultad que ofrecía la lectura de la complicada notación musical antigua. Para los hombres de la Edad Media, la inteligencia residía en el corazón (la memoria, por tanto), y así está expresión es análoga a la castellana “de coraçón”, y que en otros idiomas también encontramos (by heart, par coeur, o de cor). Una expresión francesa que corrobora este hecho es la que dice “savoir par coeur a savoir par livre”, es decir, contrapone saber [cantar] de cor a saber [cantar] de libro. Esta expresión, de cor, da origen al vocablo castellano, recordar, y también de cor, a coro.

[11]Tanto insistir sesgadamente en la mitad del pasado que la falsa vergüenza nos está dejando sin futuro . . . como si hubiese alguien que no tuviera alguna ramita verde entre el manojo de su propia leña.

[12]Parajes eran antes cuando habitado por parroquianos y baquianos recibíamos una vez al año parientes de visita que venían en tren, y no teníamos que aguantar todos los feriados turistas de revista en cuatriciclo que no sólo la siesta alteran. Hoy la masa crítica social hace que la denominación tienda a equilibrarse con la realidad posicionando las dos letras cambiables según el término primeramente indicado.

[13]Dizque en la ínsula desmembrada se prefiere el término capullo en memoria de políticoz actualez.

[14]La fabricación de consenso ya no es un arte oscuro, se enseña en las pluriversidades.

[15]NP Para que vea que la costumbre del como sí no es privativa del ámbito oficial sino lepra de la masa, lea este chisme:  . . . una cursientaâ al estacionar en la playa del falsamente prehistórico sitio le hundió la parilla al auto en contra del cual arrimó su 4x4trucha sin, como es de uso, darse cuenta de lo que hacen cada vez que cagan a otro a pesar de su hipersensibilidad en caso contrario. Rápidamente los seguratas que parecen del mismo barrio quellas, se apersonaron para “tomar registro de los hechos” asegurando quellos se encargarían de que el daño sea inmediatamente reparado . . . . blablablabla . . .  Créanselon . . . amigos de Yerros.

[16] Los paros son un recurso para tener al pueblo acostumbrado a la arbitrariedad de la masa imberbe, un instrumento de manipulación social en manos de la más baja estofa moyanesca, el travestimiento proletarial de origen reivindicativo devenido en costumbre snob de la neo burguesía.

[17] Pronunciación standarizada del public staf según imperativo sindical. En más psps (leése pispis)

[18] En los registros como en las escribanías se respira el mismo tufillo siniestro de los cortesanos obsecuentes que se saben surfeantes sine die del poder de turno que supimos conseguir, y que ellos para beneficio propio siempre legitimarán sea del color que sea. Por eso, no es tan extraña la idea que con motivo del Centenario supo proferir Don Baqueano Fusta, según la cual se señala que, “antes de que se pueda llevar a cabo cualquier cambio verdadero habrá que enviar a Camposanto con alambre Sanmartín a toda esa piara de chupatintas a picar piedras hasta agotar su último aliento. Abogados, escribas y registrales a picar piedras o a alimentar perros a la China, la opción es dellos. Los Reyes no los querían en las colonias, Fusta no los quiere en la Próxima República”

[19] Hablamos de la sociedad como si existiese la posibilidad de que la tal sociedad a la que nos referimos como un “ellos” con el que nada tuviésemos que ver pudiese ser algo distinto al nosotros que indefectiblemente integramos.

[20] No está claro si es modelo tango por ser cuatro por cuatro, o es modelo tanga por cubrir poco e informar menos.

[21] Negro más penetrante que el simplemente pegajoso: en este caso tinta importada.

[22] Y ¿que le voy a pedir sino? Póngale la voz de Joan Báez y entónelo como al preso . . .

[23] Se prefiere el anglicismo al término fronterizos por consideración a los grandes del folclor.

[24] Ya que fuimos enseñados de que dos medios es igual a un entero . . . y no nos cierra . . .

[25] Según Aligieri “el círculo de los violentos”. Según la realidad nuestra de cada día . . . también.

[26] Si el factor de cambio no está en la persona no hay cambio alguno factible porque la masa carece de conciencia y de capacidad reflexiva.

[27] Con la galería de ejemplos encabezada por Manzano, Cavallo, Don Néstor, La Crist . . .

[28] Se cuenta que el Tío Bartín presentose a realizar una compra a un fulado que tenía fama de duro de mano y logró sacarle el bien por la mitad de lo que pedía a raíz de que llevaba los billetes bajo el sombrero colgando la mitad hacia afuera.

[29] No falta el acento, es uno de los términos proféticos que como es el caso, suelen pasar inadvertido en el momento de la pasión y uno después se da cuenta lo que se venía significando.

[30] Despegue de formularios, botón y desplazamiento de fotocopiado . . .

[31] Póngale un poquito de ritmo de marcha . . . qué tal la de San Lorenzo . . .

[32] Desde la última erección parece que no existen talonarios de otro color en toda la AP

[33] Con ese número y de ese color, pescado podrido, dijo el gestor Escudriña D’Or.

[34] Aunque el dizque señala que la mayoría no tiene título alguno y las otras lo tienen por esa universidad a distancia del norte que pagando las cuotas de cuatro años . . .

[35] ¿Por qué no se entrega una hoja con los pasos y los costos bien claros? Los infradotados ¿son ellos o soy el único?

[36] NP Disculpe Crassos, pero la comparación debe ser siempre entre términos comparables por pertenecer a la misma categoría de cosas y platearse en el mismo sentido. En este caso la caja de caudales mentada está siempre abierta porque nunca llegan a acaudalar nada en ella. Revisar esta cuestión por favor.

[37] NP. Quisiera dejar constancia de que las empresas públicas, a mi parecer, por su naturaleza deben servir, según el fin para el que fueron constituidas, a la comunidad que las pagó y que con su participación obligada las sostiene. No parece que el lucro fuese su finalidad sino el prestar un servicio individualmente irrealizable para los ciudadanos que la conforman. Su finalidad no es el lucro pero ello no justifica que sean deficitarias. Deben ser empresas tan efectivas como cualquier otra y tienen por naturaleza la posibilidad de ser mejor que cualquier empresa privada porque tienen la venta de su servicio de algún modo asegurada por voluntad antecedente de quienes demandan el servicio. El que circunstancialmente lleguen a ser deficitarias no justifica su privatización. Tampoco se puede explicar que los puestos de trabajo sean hereditarios como en el caso de referencia lo son. Una cosa es que la tradición familiar incline a sus miembros hacia un oficio, y no se ve mayor objeción sino ventajas en ello (con tal que no sean los mamones del erario fiscal) y otra que los puestos de trabajo estén de facto asegurados para los hijos de . . . menos aún cuando son del sindicato piriporador que tiene el poder de turno . . .  el esfuerzo conjunto de los vecinos no debe ser abandonado al capricho de los intereses sectario si los vecinos no queremos pasar a ser cautivos y funcionales a la parcialidad que se haya adueñado de los destinos del capital común.

[38] La mina pisa el portero y se pone a hurgar papeles de espalda . . . ya te podes ir nomás . . . ¡muerto! retumba el eco en los laberintos de la cueva.

[39] NP Como se deja ver Crassos tardó un tiempo, no en tomar nota sino en compartirlas.

[40] El de la tirita que no es de curso legal, con la tirita a la vista y colgando . . .

[41] P Dígame Crassos, esta comparación se hace por la nimiedad del defecto técnico que terminó en tragedia, porque el cuero que se volatilizó no fue el de los ideólogos, porque aconteció a la vista de todos los que se arrimaron para sumarse a una fiesta y terminaron en un velorio ¿por ahí va, no?

[42] R Que Dios Te tenga en la Gloria, Nos Vemos.

[43] Otro primerizo

[44] Las tapas acaban de separarse de las hojas y de ser divididas en dos . . .

[45]Piruleta: chupetón dulce multicolor gigante que parece que nunca se va a acabar y que los promiscuos chupan alternativamente hasta que a uno de los abrebocas se le cae al piso, se quedan todos sin y se lo comen los bichos. Profecía de San Zacarías.

[46] El uyuyuy es un pájaro que no debería aterrizar porque como tiene las protuberancia más largas que sus patas, cada vez que aterriza hace un surco con las mismas y de allí el típico cantito por el que se lo reconoce y por el cual se sabe que aterrizando está. . .

[47] Club Athletic Newell’s Old Boys, Rosario, Argentina

[48] Mofle dicen en algunas partes de América latina, silenciador le llamamos por acá. Muffler look hubiera sido tal vez más atinado. NT

[49] Lo que en esa situación veíamos como necesidad a causa de la cual no pocas horas de amargura nos dispensamos mutuamente no resultó ser tal porque terminamos encontrando otra alternativa de solución para la cual no se requería de certificación alguna. Si sólo sirviesen está páginas para recordarlo  . . .

[50] Este tipo de bestezuela no calza vaqueros ni jeans, sólo yin originale que indefectiblemente son truchos y porta como contenedor del desparrame al estilo rejilla de bondiola.

[51] El relator deja ver en la expresión una modificación positiva del afectus societatis que apenas minutos antes parecía a punto de precipitarse al foso común de la inanición irreversible.

[52] En la expresión el redactor delata los lares de donde procedían las licencias usadas durante el período que le duró el recuerdo de la bronquitis. NT

[53] Ver aclaración caso similar uso

[54] Nunca “lea antes” ni un “dese por enterado” . . .

[55] ¿Se entiende? . . . Ni un “me cago en las muelas de tu perra” de respuesta

[56] Ver dónde haya sido aclarado este usus localis

[57] Psps

[58] En la administración pública la bella resulta ser el eslabón extraviado, aunque por otro lado evidencia la función de contenedor social que el estado cumple sobradamente . . . sobre todo cuando es la mejor forma de asegurar la sustentabilidad democrática, es decir, de comprar votos.

[59] Por favor, ayúdeme, póngale el ritmo y la voz de Joan Báez . . . hasta más allá del umbral ¡Gracias!

[60] Psps

[61] En comparación, la foto que me sacaron en Bower es para un Oscar, lo cual no deja de ser un considerable favor, ya que la cana luego de darse cuenta de que sos el mismo, te deja pasar por compasión al castigo de tener que alcanzar con tu propia mano la prueba de la mano que te dieron al esculpir tu portada en papel.

[62] El caso fue ventilado en la cadena más larga de nuestra extendida territorialidad por los boconoes de dilatada autoridad medial. Llegado el caso el mismo Don Contreras es testigo cualificado del tema pues él posee carné aunque no posee ni carretilla para conducir y no ve las uñas de sus propios dedos. El carné de Lúcido es de los de antes . . . de los falsos que vendía Pomarola . . . y de la misma época que el del ciego . . . que es además amigo suyo. Por cierto, qué descarado cinismo . . . llamar cadena a una organización vividora de la libertad de prensa.

[63] NP Eso es lo que Usted piensa Crassos, pero tal vez no sea sino otro de sus yerros, ya que si las cosas son como Usted las pinta, desde acá parece que Usted fuera una especie de purga liberadora, lo cual mirado desde ese punto de vista,  aunque sea función no muy señorial, no por ello deja de ser entendible la dilección por usar de su presencia en orden a la dificultosa evacuación que crónicamente Usted mismo nos dice le afecta a la depositora.

[64] NP Pero Crassos ¿no le parece que tal vea sea esa la sinrazón? ¿No ve que Usted carece de evidencia de ascendencia?

[65] Explíqueme Usted Don Lúcido o Usted Doña Consolación, cómo se entiende que para palear la crisis global los gobiernos de la UE, de USA, Canadá y Japón apoyen a las instituciones bancarias y financieras con un monto que equivale a un millón cuatrocientos mil dólares por habitante . . . que hay en el mundo. Saque las cuentas y dígame cómo hace Usted para que le cierren . . . la geta.

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