El techo de nubes que cubrió todo el horizonte a la vista, se está corriendo hacia el norte. Aunque no hay gran variación tonal, el horizonte se percibe más profundo.

Sobre la línea de la costa veo nítidas dos bandadas. ¡Oh qué maravilla! ¡Ya están de regreso!

A breve distancia de tiempo en la memoria, anduve con ellas un tramo de su travesía al norte. Hoy las veo volar al sur. Casi seguro no son las mismas, entre otras razones porque estás se ven morenas mientras aquellas albas eran. Pero sin lugar a duda, la bandada no ha cambiado de identidad.

Vespra se pone de pie, y sobre las últimas líneas del pentagrama del cielo que le hace de manto, se divisan claras esas claves viajeras que mantienen el ritmo de la sinfonía del universo desde los orígenes de la tierra.

Suavemente, casi sin contrastes, como el agraciado paso de la más humana de las danzas, como el mismo ondular de la bandada, el día nublado va dando paso a la noche despejada que se adivina tras el ocaso.

En este acto, las bandadas son parte del arco iris de la paz, que desde toda la eternidad se nos dispensa, sobre estas jornadas que empeñosa y vilmente buscamos preñar de guerra.

Mirando al levante, no se alcanzan a distinguir, los mechones de nubes rezagadas del fondo de la noche clara que se avecina. La cuña de alas batientes sigue su curso milenario y nuevo, en busca del origen o del destino, que al fin y al cabo es lo mismo.

El himno a la alegría suena a pleno.

Sábado 22 de febrero del año 2003, 1845 horas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: