La aldea contaba con más de dos mil habitantes y su torre hacia siglos que se divisaba señera en lo alto de aquella pequeña meseta expuesta al valle y a las vistas de todos los que a ella llegan, cuando al comenzar el segundo cuarto del siglo XX, la vida y la muerte con sus avatares y bonanzas se sentaba al telar en que se anudaron las hebras de las existencias que hoy celebramos en este relato.

Mediaba la contienda, que desgarró hasta nuestros días las familias y las gentes de esta hispana y colorida tierra, en la que los hijos de Adán parecen no darse tiempo para el reposo en la oscilación pendular que polariza sus afectos y sus tiempos, cuando vio la luz una niña a quien llamaron Isabel.

Tres meses después, los rojos, que a la sazón aún contaban con el apoyo mayoritario del pueblo, en uno de esos actos con los que socavaron aquella esperanza, terminaron con la vida del padre de Isabel, dejando una joven viuda de veintidós años en la desolación, en la indigencia y el desconsuelo.

Apenas tiempo después,  las vicisitudes de la vida arrebataban a una joven y prolífica madre, dejando por su lado seis huérfanos con un padre para atenderlos y criarlos. Uno de ellos, Antonio, conocido en el tiempo como Minutos, llegaría a ser famoso en todo el pago por su sentido del humor y por su don de gente.

Isabel se casó con Antonio por consejo de su propio padre. A ella le caía bien otro de los hermanos, pero su padre le dijo: Antonio es el que siempre cuidará de ti y aunque le pidas leche de hormigas él te la traerá. Isabel y Antonio han recorrido una vida juntos, una vida que son varias cuando la cuentan, tan larga y prolífica como la extraordinaria familia que han conformado. La cosa no fue una jauja, pero siguen ayuntados y Dios mediante ni la eternidad los ha de separar.

–       “Cuando niños hemos dormido todos juntos. Los siete juntos y cuando hacia frío, con los animales” “Más de una vez se ensució el mulo arriba mío, de noche y nosotros durmiendo allí con ellos.”

A temprana edad ambos fueron conchabados al servicios de algunos “señores” a cambio de comida y cobijo.

–       Un trozo de pan era un lujo y las peladuras de la patatas tostadas sobre la lumbre todo un manjar.

–       Una vez se fueron las señoras a misa dejando olvidada la llave de la despensa en la cerradura de la puerta. La otra criada y yo nos dimos cuenta, abrimos la puerta y no cabíamos en nosotras mismas del asombro por toda la comida que había allí adentro. Comimos lo que pudimos, y yo además me guarde unos longanizas debajo de la cama para más luego. Al tiempo entró una de las señoras y sintió el olor a grasa. Claro, las longanizas ya no estaban pero habían quedado en el piso las marcas de la grasa. Todavía me duele ahora la paliza que nos dieron. Esa mujer era la que pelaba el pan antes de comerlo, porque decía que estaba sucio porque lo habíamos tocado con nuestras manos. Las costras que le sacaba era el pan que para comer nos daba. Yo me las guardaba a todas. A veces me moría por una patata asada … a veces podíamos guardamos algunas en los bolsillos o entre la ropa … de las chiquitinas en las que no se fijaban … y a la lumbre eso era un manjar. Yo no me daba cuenta de todas esas diferencias que los hombres inventan. Por eso hemos querido que nuestros hijos no pasen hambre y para mi no hay ni rojos, ni nacionales ni nada de esos inventos. Yo hablo con todo el mundo y cuando me preguntan les digo que soy del partido de mi marido que es el que me da de comer. A él le gusta hacer reír a la gente … es muy gracioso…. siempre se le ocurre algo o se disfraza y sale por ahí, se mete con la vacas en la pila de agua en la plaza y la gente se ríe. Nosotros hablamos con todo el mundo y a algunos no les gusta. Cuando teníamos la tienda, un domingo nos vieron tomando un café con el alcalde socialista, que es primo de Antonio, es de la familia y por eso estábamos tomando algo juntos, estos brutos fueron a las casas a decirles a sus mujeres que si al día siguiente venían a comprar a nuestra tienda las mataban. Eso no tiene sentido.

Antonio es el nombre de pila, pero todos lo conocen por Minutos, que es el apodo que le puso el maestro, quien le mandaba a ver la hora al reloj de la torre de la Iglesia, y le llamó Minutos porque Antonio siempre le decía la hora exacta.

–       Yo me fui a la tienda de uno de esos a comprarle pan.

–       Que nosotros vendíamos y no tenía ninguna necesidad de ir a comprárselo a él.

–       Pero fui a propósito y cuando estaba por pagarle le dije que iba a venir todos los días si hacia falta … hasta que se cansara de poner unas gentes contra otras. ¿Qué iba a ganar?

–       Una tarde se disfrazó de mujer … todo pintado … con colores en la cara … con una peluca y falda …

–       ¡Que me quemó este verano! Este verano me quemó todo . . .

–       Para que no andes más por ahí por la calle, que ya no podes hacer todas esas macanas . . . Esa tarde todo pintado sale a la plaza y de camino lo ve al Florencio que estaba medio dormido en una silla al frente de su casa y se arrima y lo toca al hombro y le dice medio al oído: Florencio, que vuelven los rojos a matar a todos los ricos del pueblo …

–       Yo le quería hacer una broma. Pero él salió corriendo con la silla a cuestas y empezó a poner llave a todas las puertas y a trancar todas las ventanas … casi se muere del susto …

–       No … que la mujer al día siguiente vino a comprar a la tienda y me contó que había tenido que meterlo en la tina y bañarlo al Florencio porque se había cagado entero . . encima ¿ve?. Y me decía que una mujer joven y muy bien puesta le había dicho … Pero Pepa si ha sido Minutos que salió disfrazado a bromear       …

–       Si yo le decía al Florencio que no podía ser de verdad, me decía la mujer….  que risa … pobre Florencio cagarse entero.

–       Le dije a todos los ricos  … el se creería uno de ellos … jejejeje … ya los rojos no quedaban ni en Rusia    … jejeje … Y esa (otra) tarde que había fiesta en la plaza y estaban tocando unas tarantelas y yo me pongo a bailar con una francesa que había dando vueltas … jejeje y la francesa me dice si no quería ir a dormir con ella       … jejeje … y yo le dije: lo siento señora pero ahora yo no tengo sueño … jejeje       … claro yo había dormido la siesta. jejeje

–       Sí la siesta. Si nunca ha dormido la siesta. Tanto trabajar. El Antonio ha trabajado toda la vida  … Gracias a Dios está mejor … nos habían dicho que iba a quedar en silla de ruedas …

–       Me dejaron medio mal . .. pero puedo andar. Se me escapa nomás la orina pero el otro con una cucharada de aceite crudo cada mañana lo controlo bien. Cada mañana tomo un vaso de agua y una cucharada grande de aceite crudo de oliva y ando bien. Pero anoche me levante quince veces … que me parece que me meo y voy al baño y unas gotas nomás. Pero esta noche me pongo la sonda y veo si duermo. Y. . . cuando a uno le meten las manos algo le arreglan pero ya no es lo mismo … con todos esos tornillos que me pusieron … en el hospital de Úbeda me trataron durante años por artrosis pero yo ya no podía con los dolores y cuando fui a Valencia me sacaron unas radiografías y no veían nada, pero como me seguía quejando de los dolores un médico me pidió una resonancia.

–       Cómo habrá sido que cuando vio los resultados le dijo: “Mañana se interna y lo operamos. Así no puede andar un día más. Se puede quedar en silla de ruedas.”

–       Me tiré un mes en el hospital. Me sacaron tres vértebras y me pusieron no sé cuántos tomillos … pero a los tres días el médico me dice que mueva la pierna y la podía mover … tenemos algunas esperanzas me dijo. No me quejo … claro eso del meo y lo otro me molesta un poco, pero puedo andar y ando por todos lados. Aunque a veces no sé dónde estoy … allá en Torrent donde no conozco tanto me tuvieron que buscar dos o tres veces porque yo salgo y al rato de andar no sé dónde estoy y no sé cómo volver … A veces voy a buscar algo al armario y cuando llego … no me acuerdo lo que venía a buscar … y un rato después me acuerdo que había ido a buscar la sal. Pero acá no me pierdo. Acá me siento bien, es donde quiero vivir.

–       Si Antonio, pero los hijos están allá y uno …

–       Si, pero como en su casa uno no se siente en ningún lugar. La casa de otro por más que sea la casa de un hijo no es la casa de uno …

–       Pero mi mamá en casa hace y deshace como en la de ella. Cocina, va a la nevera, se hace el almuerzo . . ..

–       Ah, si, nosotros a eso de las once nos sentamos con un vaso de vino, unas butifarras o algo para picar y hacemos el almuerzo mientras se va haciendo la comida.

–       Y después comemos …

–       Lo que les paso … cuéntale lo del ataque a las torres gemelas… casi se mueren …

–       No, pobre …

–       Es que resulta que el hijo más chico es alcohólico y para ayudarle a dejar de beber toma un remedio …

–       Que Isabel se lo mezcla con la leche para el desayuno así él lo toma y no se olvida…

–       Y ese día resulta que al terminar el almuerzo, habíamos tomado un vasito de vino y una cerveza entre los dos, veo que Antonio se pone todo negro …

–       Yo no podía respirar. Sentía que me moría y le hacia señas de que no tenia aire y la llamo a Isabel para que llame al médico…

–       yo veía que ella se ponía también mal y que no podía mantenerse de pie …

–       Creíamos que le había dado un infarto … pero no entendíamos cómo les iba a dar un infarto a los dos.

–       Los llevaron en ambulancia y en el hospital le hacían de todo . . . y entonces

–       Isabel se dio cuenta y …

–       Le digo al médico que mi hermano toma un remedio, y que seguro el papá y la mamá se lo tomaron ellos con la leche al desayunar…

–       Yo le empecé a hacer bromas a los médicos… pero al principio me parecía que me moría… A algunos médicos no le gustan las bromas… uno me dice “acuéstese” y yo le digo que no tengo sueño jejeje… otros se lo toman bien.

–       Dicen que reírse es muy saludable.

–       Eso era otra vez. A mí me gusta reírme y hacer reír a la gente…

–       Si para la fiesta se mete con las vacas en la plaza…

–       Las toreo y después las hago entrar en la pila llena de agua y yo me meto con ellas. Después salgo y ellas no pueden salir. A los perros le tengo miedo pero a los toros me les animo y los toreos. Muchas veces me metí en la plaza con las vacas…

–       Hace unos meses caminando por Valencia un chavalito atrás nuestro les decía a los padres “ese es el hombre que tengo en la cinta con la vacas” “No cómo va a ser ese. Ese es de Jaén” Y el nene le repetía, así que unos metros más adelante me di vueltas y le dije: que tu tienes razón. Les has ganado a tus padres. Este es Minutos, de Torres de Albanchéz. El nene contento…

–       Todos los chicos me conocen acá. Yo voy con ellos a la plaza y hablo con ellos y todos me llaman Minutos. Si le preguntas por Antonio Teruel, nadie sabe quién es, pero por Minutos todos me conocen…

–       Sí. A mí me dicen ¿y vos de quién sos? De Minutos, la nieta de Minutos, de la Isabelita … ya todos saben quiénes somos   …

–       Acá todos tiene motes   …

–       Él le pone motes a todos  …

–       Si, yo le pongo motes a la gente … jejeje   … a algunos no les gusta … jejeje … bueno yo se los digo y si no les gusta jejeje … a ellos no se los digo más …. jejeje a una mujer que se mueve así (de lado a lado cuando camina) le puse la barca …. jejeje … y a otro que camina así como sentado sobre el culo, le puse el cagao … jejeje . . . y se lo dije y me preguntó ¿por qué? … jejeje…     Le dije: no ves que cuando caminas parece que estás cagao … jejeje y me miraba el tío   … jejeje

–       El yayo es muy gracioso y a todos les encuentra un mote…  ¿a mí cómo me decís?

–       A algunos no se los puedo decir… a uno le puse el judío ¿sabes lo que es un judío? ¿no? Pero este es “un judío”… hay judíos buenos. . . pero esos son otros… este es un judío… no tiene piedad con nadie. Hay gente que no es gente buena… baa… allá ellos… te pueden ver cagao en el infierno que no te van a dar una mano…

–       ¡Antonio!

–       me cagoenlapuñeta… si un día estábamos todos juntos juntando la oliva y empieza a caer garrotillo y después nieve y viento… y él y su mujer se suben al auto y bajan solos… ¿te crees que preguntó a alguien si quería bajar al pueblo con ellos? . . . No. Se escaparon sin que nadie se diera cuenta… yo cargué gente hasta en la vaca del auto porque nos congelábamos ahí arriba… ese es “un judío”.

–       Bueno, bueno Antonio pero nosotros nos llevamos bien…

–       Si nos llevamos bien con todos los que nos llevamos y con otros ni nos llevarnos ni nos traemos. Nadie se toma todo el aceite él solo y aunque lo quiera, a todos nos ponen las manos acá arriba un día… y ¿a dónde llegaste rascando para vos sólo? Jejeje… un día se ahorcó uno en una casa allá arriba y llevaron un cajón de madera así nomás hasta que le trajeran el otro para enterrarlo, y yo voy me meto adentro mientras lo estaban bajando y viene tres o cuatro a buscarlo al cajón y los levantan para llevarlo y uno dice “que pesada esta madera de mierda” y entonces yo digo: no se lo lleven que estoy acá adentro, y levanté la tapa jejeje… dejaron caer otra vez el cajón y uno se empezó a las boqueadas… ¡qué susto madre mía! … le tuve que hacer respiración boca a boca para reanimarlo… jejeje… no lo lleven que estoy acá adentro… jejeje… casi hay dos muertos ese día…

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