Noviembre de jacarandá

en silencio le vio partir

y de azul-lila alfombrado

el ingreso de pedernal.

Rosa blanca en su manos,

rosa roja en el corazón ella,

nosotros, solapada bordada

por una sola rosa amarilla.

Por los hijos trenzada,

recia corona esmeralda

y claveles por doquier

para la hija que ya lo espera.

El celestísimo manto matinal

trocado en gris al mediodía

lloró sobre la corte toda

su bendición de despedida.

Emprendió su cruce callado

de la mano del sereno

y al sentirlo partir Paloma

expiró la mitad de su vida.

Era el día de la partida

y no hubo atraso en la llegada

del expreso que cruza el río

hacia la otra orilla de la Vida.

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