Un noviembre soleado

y el pedernal de entrada

alfombrado de azul jacarandá

le dieron el adiós al cofre

portando los despojos del Pepe

Entrecerró sus párpados la tarde

y  ruborizado, el sol oculto su rostro

tras un manto gris claro

que cubrió suavemente la víspera

para dejar caer su bendición

La madre tierra lo acogió en su ceno

y se llenó de flores el hoyo

al mismo tiempo que el lucero

anunciando la llegada de la luna

ocupo su puesto de guardia en el cielo

Esa noche el fogón fue largo

y el silencio henchido de canciones

como un abrazo agridulce

hasta el despertar de la aurora

acuno en su pecho los corazones

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