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Ayer, día 16 de agosto del año 2002, dos días después del  cumpleaños de Martín y al día siguiente a la conmemoración de  la Asunción, visitamos Jalón, o Xaló según se escriba en  castellano o en valenciano.

De esta villa que hoy cuenta con dos mil habitantes han partido  hace un siglo, y más, muchos con destino a San Juan de Cuyo,  por allá en nuestra tierras. Sí, así como se lee; y a punto tal estas  tierras y sus hombres están hermanados, que es esta asombrosa  experiencia de unidad la que me insta a dejar recuerdo de aquella  jornada solar.

Muchos pueblos, junto al cartel de bienvenida con el que indican su nombre, tiene otro letrero que hace saber a quienes transitan ese ingreso, que están “hermanados” con tal o cual villa o ciudad generalmente localizada en tierra de distinta bandera.

Al llegar a Jalón se lee: “XALO”, escrito en negro sobre un panel de chapa blanca, con piedra y vides como telar de fondo y una casa aquí y otra más allá. Sin embargo, al cruzar el umbral del encuentro con algún local, es decir al hacer el saludo y la primera pregunta, surge necesariamente con emoción y esperanza la primera pregunta importante, la que da paso al rito de la bienvenida. ¿Eres argentino? ¿de San Juan? Mi tío abuelo marcho allí en el mil novecientos ….. La piel de gallina y una cierta tibieza ocular acompañan el aligeramiento que ya siente el alma … la respiración se hace por un momento consciente y miramos los rostros buscando rastros para asociarlos con otros … una cierta inclinación reverente nos afecta de pies a cabeza y sin pensarlo caminamos como pisando suelo en el que ya descansa algo que aún acarreamos. El tiempo se estira y los espacios se acercan … ese delantal … ese modo de abrir la puerta de la casa … ese andar en bicicleta y hasta la forma de caminar … ¡qué sé yo si es así tal cual suena o sólo será fruto del imaginarlo de esta manera! Se vive tal real que yo lo daría por cierta.

Yo sólo he sido testigo, espectador del torbellino de emociones y de la similitud de genes entre estas tierras y sus herederos, de aquella para nada fortuita coincidencia. José Luis Pelinacci, “El Peli” para los que integrábamos la corte y para algunos más, fue el hada madrina, por cuya presencia se hacía patente todo este milagro del hermanamiento ancestral y telúrico. “Yo busco algún pariente de mi abuelo … Don Pedro … .” No hace falta decir más, es suficiente para imaginar lo que desata este simple buscar huellas en un terreno macerado por las historias de ellas.

No sé aún que siginifica Xálo, pero podría decirse que, quiere en alguna lengua decir “piedra”, como lo dice “San Juan de Cuyo” a todo el que se acerca. Pero, no sólo ni simplemente piedra, sino piedras orlada de viñas que con las persistentes caricias de sus hijos, dejan caer cada madrugada sobre la tierra, su baño de mistela, mientras llora la luna al caer de la noche bajo el embrujo del tinto con el se la celebra y  riega.

Cuando el abuelo de Peli partía hacia el Jalón argentino, la Iglesia local debía haber celebrado poco antes la primera centuria del actual templo, ya que, según se indica en el frontis, su construcción se inició en el mil ochocientos catorce, y según relata José, su “yayo” llegó allá en el dieciséis del siglo siguiente.

La “Plaza Mayor”, como reza el cartel que la identifica, es un espacio cuadrangular, de no más de cincuenta metros de lado, contiguo a la puerta de entrada del templo y en cuyo centro se yergue una típica fuente circular de tres metros de diámetro. Esta plaza, rodeada con construcciones de dos o tres plantas, por sus cuatro costados, tiene hoy en rincones opuestos, una calleja de entrada y de salida, de no más de cinco metros, con angostísimas aceras. Dicen que allí se celebra la muestra de toros, cerrada con rejas la zona vehicular y dejando para que la gente circule el espacio de las veredas. Y el dueño de uno de los bares es descendiente destas pero revenido de las tierras aquellas. Por cierto, en el mentado bar, el dominó parece ser lo más importante a la hora de la siesta.

El río que faldea al poblado, hace una curva en cuyo ceno las casas se concentran como un remolino. Tiene una avenida costanera con un proyecto de parquización que se muestra junto al puente que lo cruza y que pasa a la vera de la hermosa piscina donde las visitas se refrescan.

Mirado desde el río, Jalón muestra de derecha a izquierda, la cooperativa, una bollería, una tienda de regalos y recuerdos, un bar, varias bodegas, una edificación nueva de tres plantas, y montañas … por doquiera, montañas que todo lo abrazan, con las viñas bajas bordando en cada trozo de tierra ese universo de piedras.

Peli estaba en su salsa y nosotros todos … en remojo de mistela. Comimos las características bocatas angélicas, y luego vino la siesta. Allí nomás, debajo de los álamos y las palmeras, sobre los bancos o sobre unas esteras, con una gorra o un sombrero atajando la resolana, nos entregamos a los rumores de la tierra mientras los niños gustaron ampliamente del agua de la pileta.

Al caer de la tarde, como las alondras de la canción aquella, emprendimos el regreso no sin que antes el Gran Peli, juntara un par de racimos de blanca y dulce uva, como símbolo de su herencia.

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